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ISSN: 3028-8983
Vol. 3 N° 1, enero-junio 2025 (5-16)
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Artículo de investigación
Desigualdad educativa en zonas rurales y urbanas del Ecuador
Educational inequality in rural and urban areas of Ecuador
Patricia Beatriz Salgado Oviedo*
Unidad Educativa Miguel Ángel León
Pontón”.
Riobamba-Ecuador.
patyalis@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0001-6841-0135
*Correspondencia:
patyalis@hotmail.com
Cómo citar este artículo:
Salgado, P. (2025). Desigualdad educativa
en zonas rurales y urbanas del Ecuador.
Perspectivas Sociales y Administrativas, 3(1), 5-
16. https://doi.org/10.61347/psa.v3i1.73
Recibido: 26 de noviembre de 2024
Proceso de evaluación:
27 de noviembre al 27 de diciembre de 2024
Aceptado: 27 de diciembre de 2024
Publicado: 2 de enero de 2025
Resumen: La desigualdad educativa en Ecuador se manifiesta en la disparidad entre las
zonas rurales y urbanas, donde las primeras enfrentan infraestructura deficiente,
recursos limitados y un currículo no adaptado a sus necesidades. Esto resulta en una
brecha significativa en la calidad educativa y oportunidades que exacerba la exclusión y
limita el desarrollo de los estudiantes en contextos rurales. El objetivo de este estudio es
demostrar la desigualdad educativa entre las zonas urbanas y rurales en Ecuador
durante el período 2019-2023. La metodología que se emplea es de tipo cuantitativo, con
un enfoque explicativo. La información utilizada proviene de los registros
administrativos del Ministerio de Educación. Los principales resultados revelan una
marcada disparidad entre las zonas rurales y urbanas. La pandemia de COVID-19
agravó estas desigualdades, con un impacto más profundo en las zonas rurales,
evidenciado por un aumento en la deserción y una disminución en la tasa de promoción.
Se resalta la necesidad de políticas educativas diferenciadas para abordar las
particularidades de cada zona y reducir la brecha educativa en el país.
Palabras clave: Desigualdad educativa, Ecuador, rural, urbano.
Abstract: Educational inequality in Ecuador is manifested in the disparity between rural and
urban areas, where the former face poor infrastructure, limited resources and a curriculum not
adapted to their needs. This results in a significant gap in educational quality and opportunities
that exacerbates exclusion and limits the development of students in rural contexts. The objective
of this study is to demonstrate educational inequality between urban and rural areas in Ecuador
during the period 2019-2023. The methodology used is quantitative, with an explanatory
approach. The information used comes from the administrative records of the Ministry of
Education. The main results reveal a marked disparity between rural and urban areas. The
COVID-19 pandemic aggravated these inequalities, with a deeper impact in rural areas, evidenced
by an increase in dropout and a decrease in the promotion rate. It highlights the need for
differentiated educational policies to address the particularities of each area and reduce the
educational gap in the country.
Keywords: Ecuador, educational inequality, rural, urban.
Copyright: Derechos de autor 2025 Patricia
Beatriz Salgado Oviedo.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative
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NoComercial 4.0.
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1. Introducción
La desigualdad educativa en zonas rurales y urbanas en Ecuador refleja profundas disparidades en el
acceso, calidad y resultados del sistema educativo. A nivel nacional, los estudiantes de áreas rurales
enfrentan mayores obstáculos, como infraestructura deficiente, falta de conectividad tecnológica y
escaso acceso a docentes capacitados, en comparación con sus pares urbanos. Estas desigualdades
agravan las brechas en el logro educativo, afectan la movilidad social y perpetúan el ciclo de pobreza,
lo que impide el desarrollo equitativo del país.
Por desigualdad educativa se entiende a los factores que generan inequidades en el acceso y logro
educativo a lo largo de las trayectorias escolares. Estos factores incluyen políticas, programas, prácticas
y otros elementos que afectan la calidad de la educación. El logro educativo abarca aspectos como la
acumulación de años de estudio, interrupciones en la asistencia y el rezago académico. Aunque está
vinculada a la desigualdad socioeconómica, reducir el problema solo a este aspecto es una visión
limitada de la desigualdad en la educación (Menese, 2020).
Según Pereyra (2020) la desigualdad educativa abarca diferencias en el acceso, calidad y resultados
entre estudiantes, influidas por factores sociales, económicos, culturales y de género. La pandemia ha
intensificado estas brechas, resaltando problemas como la falta de recursos tecnológicos. Además,
existen desigualdades en las trayectorias educativas, donde algunos estudiantes enfrentan
interrupciones, mientras que otros siguen un camino más continuo, influido por el capital social y
cultural familiar. En resumen, la pandemia ha exacerbado desigualdades preexistentes, mostrando la
necesidad de abordar estos desafíos para lograr una educación más equitativa.
La educación rural se adapta a las necesidades específicas de las comunidades de este tipo,
considerando su contexto social y económico, así como la situación educativa de las familias y los
patrones de socialización que influyen en los estudiantes. Además, el acceso a la educación no es
suficiente; es importante mejorar la calidad educativa mediante infraestructura, tecnología y
metodologías apropiadas. En Ecuador, existen brechas significativas en la participación educativa
rural, similares a las de otros países, con mayores tasas de analfabetismo y falta de políticas que se
ajusten al contexto regional, situación que afecta la continuidad educativa en todos los niveles (Herrera
& Rivera, 2020).
Para Parrales et al. (2020) Ecuador enfrenta varios desafíos, como la baja tasa de finalización de la
educación primaria (solo el 50 %) y las limitaciones de conectividad, que obstaculizan el aprendizaje.
Sin embargo, el uso de herramientas como las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y
la metodología del aula invertida han mostrado resultados positivos al mejorar el rendimiento
académico y la motivación de los estudiantes, lo que ayuda a reducir la deserción escolar. A pesar de
estos avances, persisten desigualdades como la falta de contextualización de la educación rural y la
insuficiencia de recursos básicos en las familias, lo que sigue afectando la continuidad educativa.
En tanto, la educación urbana se refiere a la educación superior accesible para estudiantes de áreas
urbanas, que suelen tener ventajas significativas sobre sus contrapartes rurales. Estos estudiantes
disfrutan de mejor acceso a recursos educativos, redes de apoyo, información sobre becas y
oportunidades laborales, así como una mayor variedad de programas académicos y un entorno
cultural enriquecedor. Sin embargo, a pesar de las reformas y la gratuidad educativa, persisten
desigualdades que reflejan y perpetúan las diferencias en el acceso a la educación superior (Lara, 2023).
En Ecuador, la educación urbana está estrechamente vinculada con el emprendimiento y el
desarrollo de competencias claves. Las personas con niveles educativos más altos, como secundaria y
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superior, tienden a tener tasas de emprendimiento más elevadas, sugiriendo que la educación es
importante para iniciar y gestionar negocios. La educación financiera y digital es fundamental para
equipar a la población con las habilidades necesarias para enfrentar desafíos emprendedores. Sin
embargo, el país enfrenta desafíos significativos, como un bajo nivel en conocimientos financieros y
una brecha digital considerable, que limitan el acceso a competencias digitales. Los programas y
políticas que han mejorado estas habilidades muestran que la educación urbana necesita ser
complementada con iniciativas que fortalezcan la formación en estas áreas (Chimbo et al., 2024).
Las diferencias entre la educación rural y urbana incluyen el contexto pedagógico, con la educación
rural adaptada a las realidades locales y enfrentando políticas uniformes que no siempre consideran
el entorno. Los estudiantes rurales enfrentan más desafíos, como falta de recursos y trabajo informal,
en comparación con los urbanos que tienen más oportunidades. La participación comunitaria es
importante en áreas rurales y la brecha en años de escolaridad refleja desigualdades en acceso y
calidad. La educación rural integra saberes locales, mientras que la urbana sigue un currículo más
estandarizado. Estos aspectos destacan la necesidad de enfoques educativos que valoren las
particularidades rurales (Echavarría et al., 2019).
Asimismo, Huanca-Arohuanca y Canaza-Choque (2019) mencionan que la comparación entre la
educación rural y urbana revela diferencias significativas en infraestructura, currículo, y contexto
social. Las escuelas rurales a menudo enfrentan infraestructura deficiente y menos recursos, lo que
afecta la calidad educativa, y el currículo urbano no siempre se adapta a las necesidades rurales, lo que
resulta en desconexión con la realidad local. Además, la educación rural está más vinculada a la
comunidad y el entorno natural, mientras que las escuelas urbanas están influenciadas por dinámicas
de mercado.
En este contexto debe mencionarse el estudio realizado en América Latina y el Caribe (ALC) por
Castillo-Canales et al. (2023), donde se empleó un enfoque cualitativo multimétodo que combinó datos
primarios y secundarios mediante un análisis documental de políticas y programas de tecnología
educativa, y estudios de casos. Tras revisar 38 políticas y programas relevantes, se identificó que ALC
es una de las regiones más desiguales del mundo en términos de acceso a infraestructura digital,
dispositivos tecnológicos y oportunidades educativas. Las brechas son notables entre estudiantes de
distintos contextos socioeconómicos, ubicaciones, géneros y etnias, con áreas rurales y comunidades
marginadas que enfrentan desafíos adicionales como el acceso limitado a educación de calidad y
recursos adecuados.
Además, Artamonova et al. (2024) en Colombia sobre la prueba Saber 11 revela notables
desigualdades en los resultados educativos, destacando diferencias significativas entre zonas urbanas
y rurales. Los estudiantes en áreas rurales tuvieron puntajes promedio 26 puntos inferiores a los de
zonas urbanas, con colegios públicos que obtuvieron resultados de 8 puntos por debajo del promedio
nacional, mientras que los privados lo superaron en más de 30 puntos. La calidad educativa también
varía considerablemente, donde es mejor en instituciones urbanas y privadas.
Por su parte, Fernández (2023) en su estudio realizado en Chihuahua, México, utilizó una
metodología mixta con un diseño explicativo secuencial, que combinó cuestionarios y entrevistas
semiestructuradas con educadores comunitarios para explorar sus experiencias y trayectorias. Los
resultados revelan que la inequidad y desigualdad son prominentes en áreas con alta marginación,
debido a la discriminación estructural, la falta de inversión presupuestal y las deficiencias en la
administración educativa. Se identificaron problemas en la formación de educadores y en la atención
al alumnado que afectan el rendimiento académico.
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En la misma línea, el estudio realizado por Benancio (2024) en Huánuco, Perú, reveló importantes
deficiencias en la educación rural, utilizando un enfoque cualitativo basado en análisis documental. La
autora revela que el Estado no cumple eficazmente con su rol en las políticas educativas, resultando
en bajo rendimiento académico y acceso limitado a la educación superior. Más del 24 % de los
estudiantes de secundaria en áreas rurales enfrentan desigualdades significativas respecto a sus pares
urbanos, debido a la falta de infraestructura, servicios básicos y recursos educativos en sus escuelas.
Estas condiciones inadecuadas afectan negativamente la calidad educativa y el rendimiento académico
de los estudiantes rurales.
Adicionalmente, en el estudio Barba (2023) realizado en México, Argentina, Costa Rica y Panamá,
revela cómo la pandemia ha agudizado desigualdades preexistentes en áreas claves como el
crecimiento económico, empleo y protección social. Usando un enfoque de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (CEPAL), se identifican brechas estructurales y nuevas desigualdades
en educación y acceso a tecnología, que especialmente afectan a sectores de menores ingresos. En
México, las deficiencias de acceso son alarmantes, destacando la necesidad de un cambio en la política
social hacia un modelo universalista de derechos. Estos hallazgos subrayan la urgencia de abordar las
desigualdades educativas y de acceso a recursos en tiempos de crisis.
En las zonas rurales de Ecuador, la falta de acceso a recursos tecnológicos necesarios para la
educación en línea ha limitado las oportunidades de aprendizaje para los estudiantes, especialmente
durante la pandemia. Esto ha llevado a una mayor deserción escolar y una disminución en la calidad
de la educación, en contraste con las zonas urbanas, donde la conectividad y acceso a estos recursos
resulta significativamente mejor.
El objetivo general de este estudio es demostrar la desigualdad educativa entre las zonas urbanas y
rurales en Ecuador durante el período 2019-2023. Para cumplir con este propósito, se han planteado
tres objetivos específicos: primero, estudiar la evolución de la educación en ambas zonas, evaluando
cómo han cambiado los indicadores educativos a lo largo del tiempo; segundo, determinar el nivel
educativo para las áreas urbanas y rurales, con el fin de comparar el acceso y los logros académicos
entre estas zonas; y tercero, analizar la descomposición de la matrícula en las zonas urbanas y rurales
del país, examinando las tasas de deserción, promoción y no promoción de estudiantes, para identificar
posibles brechas educativas entre ambas áreas.
2. Metodología
Se utilizó una metodología aplicada de tipo cuantitativo, con un enfoque explicativo para demostrar
la desigualdad educativa entre las zonas urbanas y rurales en Ecuador durante el período 2019-2023.
La población de estudio abarca las regiones del Ecuador, compuesta por 24 provincias. La muestra
representa el universo del estudio desde 2019 hasta 2023. La información utilizada para construir el
presente artículo proviene de los registros administrativos del Ministerio de Educación (2024a).
Tasa de promoción escolar
El indicador se determina al finalizar el periodo escolar, teniendo en cuenta la descomposición de
matrícula (promovidos, no promovidos y desertores). Para obtener el numerador, se cuenta el número
de estudiantes que aprueban un grado o curso específico durante el periodo escolar. El denominador
se calcula con el total de estudiantes que muestran descomposición de matrícula en el mismo grado o
curso durante el mismo periodo. Finalmente, el indicador se obtiene dividiendo el número de
estudiantes que aprueban el grado o curso por el total de estudiantes con descomposición de matrícula
en ese grado o curso, y multiplicando el resultado por 100 (Ministerio de Educación, 2024b).
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Tasa de no promoción escolar
El cálculo se realiza al finalizar el periodo escolar, tomando en cuenta la descomposición de matrícula,
que incluye a los estudiantes promovidos, no promovidos y desertores. Para el denominador, se utiliza
el total de estudiantes con descomposición de matrícula en un grado o curso específico durante el
mismo periodo escolar. El indicador se obtiene dividiendo el número de estudiantes que reprueban el
grado o curso en ese periodo escolar por el total de estudiantes con descomposición de matrícula en
ese mismo grado o curso, y luego multiplicando el resultado por 100 (Ministerio de Educación, 2024c).
Tasa de abandono o deserción escolar
El indicador se elabora al concluir el periodo escolar, tomando en cuenta la descomposición de la
matrícula, que incluye a estudiantes promovidos, no promovidos y desertores. Para calcular el
numerador, se contabiliza el número de estudiantes que abandonan el grado o curso específico durante
el periodo escolar. En cuanto al denominador, se considera el total de estudiantes matriculados en el
mismo grado o curso en ese periodo. El indicador se obtiene dividiendo el número de estudiantes que
abandonan el grado o curso por el total de matriculados en ese mismo nivel durante el periodo escolar,
multiplicando el resultado por 100. El Plan de Desarrollo para el Nuevo Ecuador 2024-2025 se enfoca
en los estudiantes que abandonan el 8° grado de educación general básica y el 1er curso de bachillerato
(Ministerio de Educación, 2024d).
3. Resultados
Figura 1
Evolución educativa de la zona rural y urbana en Ecuador, periodo 2019-2023
La figura 1 muestra la evolución educativa en las zonas rurales y urbanas de Ecuador, en la zona
rural se observa una disminución paulatina en la cantidad de estudiantes o beneficiarios en la
educación rural. En 2019, hubo 1 029 355 estudiantes, y para 2023, la cifra se reduce a 997 456. La mayor
caída ocurre entre 2022 y 2023, esto refleja una ligera pero constante disminución en la participación o
permanencia en el sistema educativo rural durante el período estudiado, lo que podría ser un indicio
de problemas estructurales, como la migración o falta de acceso a recursos educativos.
En cambio, la evolución en la educación urbana muestra un comportamiento distinto. Aunque
también hay una ligera disminución desde 2019 (3 377 675 estudiantes) hasta 2023 (3 205 342
estudiantes), la variación no es tan pronunciada como en la rural. Sin embargo, se nota un leve repunte
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Rural Urbana
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en 2022, cuando la cifra sube a 3 304 297, antes de volver a caer en 2023. Esto podría estar relacionado
con factores como la recuperación postpandemia o un mayor acceso a recursos educativos en áreas
urbanas.
La diferencia entre el acceso educativo en las zonas urbanas y rurales es significativa. Las cifras
urbanas son consistentemente más altas que las rurales en todos los años, con un promedio de más del
triple de estudiantes en áreas urbanas. Esta disparidad resalta las desigualdades existentes en el acceso
a la educación, lo que podría estar relacionado con mejores infraestructuras, recursos y oportunidades
en las áreas urbanas en comparación con las rurales. Mientras que ambas zonas experimentan una
disminución general en los números, la caída es más acelerada en el ámbito rural.
Los años 2020 y 2021, marcados por la pandemia de COVID-19, muestran un descenso moderado
tanto en las zonas rurales como urbanas. Sin embargo, en 2022, la educación urbana parece mostrar
una leve recuperación, lo que no ocurre en la rural, donde los efectos de la pandemia parecen haber
tenido un impacto más duradero. Esto subraya la necesidad de políticas diferenciadas que aborden las
necesidades específicas de cada zona para cerrar la brecha educativa entre lo rural y lo urbano en el
Ecuador.
Tabla 1
Nivel educativo-zona rural
Nivel educativo 2019 2020 2021 2022 2023
Inicial 70 347 64 644 73 429 77 335 76 908
Educación General Básica 169 623 785 179 770 236 761 666 744 748
Bachillerato 789 385 176 902 183 257 178 84 175 800
La tabla 1 revela una evolución en los tres niveles educativos principales: Inicial, Educación General
Básica (EGB), y Bachillerato, presentando tendencias particulares para cada uno de ellos en el contexto
rural de Ecuador.
El nivel inicial en las zonas rurales de Ecuador muestra fluctuaciones significativas entre 2019 y
2023. En 2019, hubo 70 347 niños inscritos, pero en 2020 la cifra cae a 64 644, probablemente debido al
impacto de la pandemia de COVID-19, que afectó la asistencia escolar, especialmente en las áreas más
vulnerables. Sin embargo, en 2021 y 2022 se observa una notable recuperación, con 73 429 y 77 335
estudiantes, respectivamente. Esto sugiere que las familias rurales retomaron la educación formal de
los más pequeños tras el alivio de las restricciones. Para 2023, aunque hay una ligera caída a 76 908, el
nivel se mantiene alto, lo que indica un esfuerzo continuo por reincorporar a los niños al sistema
educativo en este nivel fundamental.
La educación general básica experimenta una tendencia irregular en el periodo analizado. En 2019
hubo 169 623 estudiantes rurales en este nivel, pero en 2020 ocurre un salto sorprendente a 785 179
estudiantes, lo que sugiere un posible error en los datos o un cambio en la forma de contabilizar la
matrícula. A partir de ahí se observa una reducción paulatina en el número de estudiantes, con 770 236
en 2021, 761 666 en 2022 y 744 748 en 2023. Esta disminución gradual puede estar vinculada con la
migración de las familias hacia áreas urbanas, dificultades económicas que obligan a los niños a dejar
la escuela o la falta de recursos educativos suficientes en las zonas rurales. Esto resalta la necesidad de
fortalecer las estrategias para garantizar la continuidad educativa en áreas rurales.
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En el nivel de bachillerato, los datos presentan una notable disparidad. En 2019, el número de
estudiantes es excepcionalmente alto, con 789 385 inscritos. Sin embargo, para 2020 la cifra cae
abruptamente a 176 902, lo que podría deberse a un error en la recolección de datos o a cambios en la
clasificación de los estudiantes. En los años siguientes, el número de estudiantes se mantiene
relativamente estable, con 183 257 en 2021, 178 840 en 2022 y 175 800 en 2023. Aunque se observa una
leve disminución en los últimos años, el bachillerato sigue atrayendo a un grupo constante de jóvenes
en las zonas rurales. No obstante, estos números reflejan la persistencia de barreras para la culminación
de la educación secundaria, lo que sugiere la necesidad de programas que fomenten la retención
escolar y la transición hacia la educación superior o el mercado laboral en estas áreas.
Aunque el nivel inicial muestra signos de recuperación, el descenso en los niveles de EGB y
bachillerato refleja problemas estructurales en el acceso y la permanencia educativa en zonas rurales.
La falta de oportunidades, la migración hacia áreas urbanas, y las dificultades económicas pueden
estar contribuyendo a esta tendencia. Las autoridades educativas deben enfocarse en programas que
garanticen la inclusión y permanencia en la educación rural para mejorar estas cifras en el futuro.
Tabla 2
Descomposición de la matrícula-zona rural
Descomposición de la matrícula 2019 2020 2021 2022
Desertores 0.35 % 1.58 % 2.17 % 1.87 %
Promovidos 98.06 % 97.74 % 96.76 % 96.65 %
No promovidos 1.59 % 0.68 % 1.28 % 1.49 %
Nota.
1. Desertores: porcentaje de estudiantes que dejan un grado o curso específico al finalizar un periodo escolar, calculado en
relación con el total de estudiantes que estaban matriculados en ese mismo grado o curso al final del mismo periodo.
2. Promovidos: porcentaje de estudiantes, desde los tres años hasta el tercero de bachillerato, que aprueban un grado o curso
específico al final de un periodo escolar, en relación con el total de estudiantes que presentan descomposición de matrícula
en ese mismo grado o curso durante el mismo periodo escolar.
3. No promovidos: porcentaje de estudiantes desde el grupo de tres os hasta el tercero de bachillerato que, al final de un
periodo escolar, no logran aprobar un grado o curso específico, calculado en función del total de alumnos que no continúan
en la misma matrícula al cierre de ese grado o curso y periodo escolar.
- Los datos pertenecientes al año 2023 no se registran en la página oficial del Ministerio de Educación.
La tabla 2 describe la descomposición de la matrícula en la zona rural, se observa un aumento
notable en la tasa de desertores entre 2019 y 2021, pasando del 0.35 % al 2.17 %. Este incremento puede
estar relacionado con factores externos, como la pandemia de COVID-19, que afectó gravemente a la
educación en zonas rurales debido a las limitaciones tecnológicas y al acceso reducido a recursos
educativos. En 2022, la tasa disminuyó ligeramente al 1.87 %, lo que podría indicar una recuperación
parcial, aunque aún no alcanza los niveles prepandemia.
La tasa de promoción muestra una tendencia a la baja entre 2019 y 2022. En 2019, el 98.06 % de los
estudiantes fue promovido al siguiente nivel, mientras que, en 2022, esta cifra descendió al 96.65 %.
Aunque la disminución no es drástica, refleja posibles desafíos en la continuidad del aprendizaje y la
adaptación de los estudiantes al nuevo entorno educativo generado por la pandemia. Los estudiantes
no promovidos experimentaron fluctuaciones durante estos años. En 2019, la cifra era del 1.59 %,
disminuyendo en 2020 al 0.68 %, pero volviendo a aumentar en los años siguientes (1.28 % en 2021 y
1.49 % en 2022).
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El mayor cambio en la descomposición de la matrícula ocurre en 2020 y 2021, coincidiendo con los
picos de la pandemia. La creciente deserción, junto con la disminución en los estudiantes promovidos
y el aumento en los no promovidos, sugiere que las medidas implementadas no fueron suficientes para
garantizar la continuidad educativa en entornos rurales. A pesar de la ligera mejora en la tasa de
deserción en 2022 y una estabilización relativa en las tasas de no promovidos, los niveles no han vuelto
a los valores observados en 2019. Esto indica que la zona rural aún enfrenta desafíos estructurales que
obstaculizan una recuperación completa, lo que pone de manifiesto la necesidad de políticas
educativas más robustas y adaptadas a las realidades de estas comunidades.
Tabla 3
Nivel educativo-zona urbana
Nivel educativo 2019 2020 2021 2022 2023
Inicial 249 755 2 028 935 2 26 126 247 141 246 417
Educación General Básica 2 406 869 2 360 976 2 330 243 2 330 026 2 249 602
Bachillerato 721 051 718 141 725 848 727 13 709 323
La tabla 3 muestra varias tendencias importantes en el sistema educativo para la zona urbana. El
nivel inicial presenta una marcada fluctuación a lo largo de los años. En 2019, hubo 249 755 estudiantes,
pero en 2020, el número se dispa a 2 028 935, lo cual podría deberse a cambios en la metodología de
registro o políticas educativas. Sin embargo, a partir de 2021, las cifras vuelven a estabilizarse, cayendo
a 2.26 millones y luego a 247 141 en 2022, manteniéndose relativamente estables en 2023 con 246 417.
Esta drástica variabilidad sugiere que eventos externos o cambios en el sistema educativo afectaron los
datos reportados en 2020.
Para la EGB la tendencia en este nivel educativo es más estable, aunque muestra una ligera
disminución a lo largo del tiempo. En 2019, hubo 2 406 869 estudiantes, y este número baja
consistentemente hasta 2023, donde hay 2 249 602 estudiantes. La reducción gradual podría reflejar
una disminución de la población estudiantil o una migración de estudiantes hacia otros sistemas
educativos. Por otra parte, el Bachillerato también presenta una tendencia descendente, aunque menos
pronunciada que en el caso de la EGB. En 2019, hubo 721 051 estudiantes, y en 2023, la cifra se reduce
a 709 323. A pesar de ligeros aumentos entre 2020 y 2022, donde el número de estudiantes alcanza 727
130 en 2022, vuelve a caer en 2023.
En general, se muestra que, a excepción del pico inusual en 2020 en el nivel Inicial, la tendencia
general en los niveles educativos urbanos es de leve disminución en la matrícula. Esto podría estar
relacionado con factores demográficos, económicos, migratorios o cambios en las políticas educativas
que afecten la retención o inscripción de estudiantes. Además, los efectos de la pandemia pueden haber
influido en la fluctuación de estos números, especialmente en los niveles más bajos del sistema
educativo.
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Tabla 4
Descomposición de la matrícula-zona urbana
Descomposición de la matrícula 2019 2020 2021 2022
Desertores 1.77 % 1.83 % 2.09 % 1.88 %
Promovidos 97.86 % 97.46 % 96.65 % 96.77 %
No promovidos 0.36 % 0.71 % 1.26 % 1.35 %
Nota.
1. Desertores: porcentaje de estudiantes que dejan un grado o curso específico al finalizar un periodo escolar, calculado en
relación con el total de estudiantes que estaban matriculados en ese mismo grado o curso al final del mismo periodo.
2. Promovidos: porcentaje de estudiantes, desde los tres años hasta el tercero de bachillerato, que aprueban un grado o curso
específico al final de un periodo escolar, en relación con el total de estudiantes que presentan descomposición de matrícula
en ese mismo grado o curso durante el mismo periodo escolar.
3. No promovidos: porcentaje de estudiantes desde el grupo de tres años hasta el tercero de bachillerato que, al final de un
periodo escolar, no logran aprobar un grado o curso específico, calculado en función del total de alumnos que no continúan
en la misma matrícula al cierre de ese grado o curso y periodo escolar.
- Los datos pertenecientes al año 2023 no se registran en la página oficial del Ministerio de Educación.
La tabla 4 muestra la descomposición de la matricula respecto a los índices de deserción, promoción
y no promoción de los estudiantes en el sistema educativo urbano.
La tasa de deserción presenta un aumento leve pero constante durante el período analizado. En
2019, el 1.77 % de los estudiantes desertaron, incrementándose a 1.83 % en 2020 y alcanzando el 2.09 %
en 2021, que representa el punto más alto del periodo. Sin embargo, en 2022, la tasa de deserción
disminuye ligeramente a 1.88 %. Este aumento en la deserción, especialmente en 2021, podría estar
relacionado con factores como los efectos de la pandemia de COVID-19, problemas de conectividad en
la educación a distancia o crisis económicas que afectaron la capacidad de los estudiantes para
continuar sus estudios.
El porcentaje de estudiantes promovidos, es decir, aquellos que avanzaron al siguiente nivel
educativo, muestra una tendencia decreciente durante el mismo periodo. En 2019, el 97.86 % de los
estudiantes fueron promovidos, pero este porcentaje baja de manera constante, alcanzando el 96.65 %
en 2021, antes de recuperarse ligeramente a 96.77 % en 2022. La reducción en la promoción puede
reflejar las dificultades académicas que surgieron debido a la educación remota o híbrida, así como
otros desafíos relacionados con el contexto educativo postpandemia.
Para los estudiantes no promovidos, aquellos que no lograron avanzar al siguiente nivel, también
muestra un incremento progresivo. En 2019, solo el 0.36 % no fue promovido, pero este porcentaje
crece significativamente en 2020 (0.71 %), en 2021 (1.26 %) y llega al 1.35 % en 2022. Este aumento
puede estar vinculado a la falta de acceso a recursos educativos adecuados durante la pandemia,
mayores dificultades para el aprendizaje en línea, o problemas socioeconómicos que impactaron el
rendimiento escolar.
La descomposición de la matrícula muestra que durante el periodo 2019-2022 hubo un incremento
en las tasas de deserción y no promoción, mientras que las tasas de promoción disminuyeron, aunque
de manera moderada. Estos cambios parecen estar influenciados por las condiciones adversas
relacionadas con la pandemia, como la adaptación a nuevos métodos de enseñanza y las dificultades
económicas que afectaron a muchas familias. Si bien las cifras muestran señales de estabilización hacia
2022, es importante seguir monitoreando estos indicadores para implementar políticas que fortalezcan
la retención y el éxito académico de los estudiantes en las zonas urbanas.
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4. Discusión
Los resultados obtenidos muestran una marcada disparidad entre las zonas rurales y urbanas.
Mientras que la matrícula en áreas rurales ha disminuido de manera constante, con una caída
significativa entre 2022 y 2023, las áreas urbanas han experimentado una disminución más moderada
y un leve repunte en 2022. Concordando con el estudio de Castilla-Canales et al (2023) realizado en
ALC donde se muestras brechas notables entre estudiantes de distintos contextos socioeconómicos,
ubicaciones, géneros y etnias, con áreas rurales y comunidades marginadas enfrentando desafíos
adicionales, como el acceso limitado a educación de calidad y recursos adecuados.
Además, Fernández (2023) en su investigación en Chihuahua, México, encontró que la inequidad y
desigualdad son marcadas en las regiones con alta marginación. Esto se debe a factores como la
discriminación estructural, la insuficiente inversión presupuestal y deficiencias en la administración
educativa. Dichos datos concuerdan con los obtenidos en el presente estudio donde se evidencia una
notable brecha en el acceso a la educación entre zonas urbanas y rurales. Las cifras de acceso educativo
en áreas urbanas son siempre mucho mayores que en las rurales, con un promedio superior al triple
de estudiantes en las ciudades.
En las zonas rurales se observa un notable aumento en la tasa de deserción y una disminución en la
tasa de promoción, con una ligera mejora en 2022 que aún no alcanza los niveles prepandemia. Esto
sugiere que las dificultades estructurales y la falta de recursos adecuados continúan afectando la
continuidad educativa. Se coincide con el estudio realizado por Benancio (2024) en la región Huánuco,
Perú, donde se reveló que más del 24 % de los estudiantes de secundaria en áreas rurales enfrentan
desigualdades significativas respecto a sus pares urbanos.
Adicionalmente, la pandemia de COVID-19 exacerbó esta brecha, con un impacto más duradero en
el ámbito rural. Estos datos sugieren la necesidad de políticas diferenciadas para abordar las
necesidades específicas de cada zona y reducir la brecha educativa en el país. Concordando con el
estudio de Barba (2023) realizado en México, Argentina, Costa Rica y Panamá, revela cómo la
pandemia ha agudizado desigualdades preexistentes en áreas clave como el crecimiento económico,
empleo y protección social. El estudio destaca cómo las brechas en estas áreas se han ampliado debido
a la crisis sanitaria, afectando desproporcionadamente a las regiones menos desarrolladas y a las
poblaciones más vulnerables.
5. Conclusiones
Se muestra una marcada disparidad en la evolución educativa entre las zonas rurales y urbanas de
Ecuador. Mientras que la matrícula estudiantil en las áreas rurales ha disminuido de manera constante
desde 2019, con una caída significativa entre 2022 y 2023, la educación urbana muestra una
disminución más moderada y un leve repunte en 2022. Las cifras urbanas siguen siendo
considerablemente más altas, lo que subraya las desigualdades en el acceso a la educación. La
pandemia de COVID-19 exacerbó esta brecha, con un impacto más duradero en el ámbito rural. Estos
datos sugieren la necesidad de políticas diferenciadas para abordar las necesidades específicas de cada
zona y reducir la brecha educativa en el país.
Por otro lado, la descomposición de la matrícula educativa entre 2019 y 2022 revela un impacto
significativo de la pandemia de COVID-19 en tanto en las zonas rurales como urbanas de Ecuador. En
las zonas rurales se observa un notable aumento en la tasa de deserción y una disminución en la tasa
de promoción, con una ligera mejora en 2022 que aún no alcanza los niveles prepandemia. Esto sugiere
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que las dificultades estructurales y la falta de recursos adecuados continúan afectando la continuidad
educativa. En contraste, en las zonas urbanas, aunque la deserción y la tasa de no promoción
aumentaron, se registró una ligera recuperación en 2022, reflejando posiblemente una adaptación
gradual a los desafíos postpandemia.
Finalmente, la matrícula educativa en las zonas rurales de Ecuador entre 2019 y 2023 revela tanto
fluctuaciones significativas como tendencias preocupantes. En el nivel inicial, se observa una notable
recuperación tras la caída de 2020, con cifras que se mantienen relativamente altas en 2023, indicando
un esfuerzo por reincorporar a los niños al sistema educativo. Sin embargo, los niveles de EGB y
bachillerato muestran una disminución constante, con saltos inusuales en los datos que podrían reflejar
errores de registro o cambios en las metodologías de contabilización. La caída en estos niveles,
especialmente en 2020, puede estar vinculada a la migración hacia áreas urbanas, dificultades
económicas y falta de recursos educativos.
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Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés que influyan en la objetividad de este estudio.
Fuente de financiamiento
No se recibieron fondos financieros de ninguna organización que pudiera tener interés en los
resultados presentados.
Contribución de autoría
Patricia Beatriz Salgado Oviedo: Conceptualización, metodología, software, validación, análisis
formal, investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original,
redacción - revisión y edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.