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Vol. 4 N° 2, julio-diciembre 2026 (380-397)
ISSN: 3028-8983
380
Artículo de investigación/revisión
Educación intercultural en salud para la revitalización de
sistemas alimentarios tradicionales: etnografía focalizada en una
comunidad Kichwa, Ecuador
Intercultural health education for the revitalization of traditional food systems:
a focused ethnography in a Kichwa community, Ecuador
Tatiana Alexandra González Verdezoto*
Universidad del Zulia
Maracaibo – Venezuela
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
tatiana.gonzalez@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-2392-5124
Gregoriana Mendoza
Universidad del Zulia
Maracaibo – Venezuela
gregoriana4333@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-0067-2937
Angelo Ivan Cepeda Gonzalez
Ministerio de Salud Pública
Riobamba – Ecuador
ampicp@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-5454-9299
*Correspondencia:
tatiana.gonzalez@unach.edu.ec
Cómo citar este artículo:
González, T., Mendoza, G., & Cepeda, A.
(2026). Educación intercultural en salud
para la revitalización de sistemas
alimentarios tradicionales: etnografía
focalizada en una comunidad Kichwa,
Ecuador. Perspectivas Sociales y
Administrativas, 4(2), 380-397.
https://doi.org/10.61347/psa.v4i2.193
Recibido: 14 de septiembre de 2026
Aceptado: 15 de octubre de 2026
Publicado: 22 de octubre de 2026
Resumen: Los sistemas alimentarios tradicionales indígenas constituyen espacios de
transmisión de conocimientos bioculturales cuya continuidad enfrenta transformaciones
socioculturales. El objetivo fue analizar las prácticas de educación intercultural en salud
presentes en las actividades comunitarias y su relación con la conservación de los
sistemas alimentarios tradicionales y la transmisión intergeneracional de saberes
bioculturales en la comunidad Kichwa de Santiago de Quito, Chimborazo, Ecuador. Se
desarrolló un estudio cualitativo de etnografía focalizada entre octubre de 2025 y febrero
de 2026, mediante 196 horas de observación participante distribuidas en 22 jornadas,
registros en un diario de campo reflexivo y entrevistas etnográficas informales con cinco
informantes clave. Los datos se analizaron mediante el modelo de dominios culturales
de Spradley y triangulación de técnicas y fuentes. Se identificaron cuatro categorías: ciclo
biocultural de la tierra, minga y reciprocidad comunitaria, ritual alimentario y
transmisión intergeneracional, y tensiones entre tradición y modernización. Las
actividades agrícolas, el aventado de quinua, el desgrane de maíz y los rituales
alimentarios constituyeron espacios de aprendizaje colectivo mediante la participación y
el intercambio de conocimientos entre generaciones. Se concluyó que estas prácticas
contribuyeron a la continuidad de los saberes alimentarios y culturales, ofreciendo
oportunidades para desarrollar estrategias de educación intercultural en salud desde la
enfermería comunitaria, aunque no se evaluaron efectos directos sobre indicadores
sanitarios.
Palabras clave: Comunidades indígenas, conocimiento ancestral, enfermería
transcultural, etnografía, salud intercultural.
Abstract: Traditional Indigenous food systems represent spaces for the transmission of
biocultural knowledge, whose continuity faces sociocultural transformations. This study aimed
to analyze intercultural health education practices embedded in community activities and their
relationship with the preservation of traditional food systems and the intergenerational
transmission of biocultural knowledge in the Kichwa community of Santiago de Quito,
Chimborazo, Ecuador. A qualitative study using a focused ethnographic design was conducted
between October 2025 and February 2026. Data were collected through 196 hours of participant
observation across 22 fieldwork sessions, a reflective field diary, and informal ethnographic
interviews with five key informants. Data were analyzed using Spradley’s cultural domain
analysis model and triangulation of methods and sources. Four cultural categories were identified:
the biocultural cycle of the land, minga and community reciprocity, food rituals and
intergenerational transmission, and tensions between tradition and modernization. Agricultural
activities, quinoa winnowing, collective maize shelling, and food rituals served as spaces for
collective learning through participation and intergenerational knowledge exchange. The study
concluded that these practices contributed to the continuity of traditional food-related and
cultural knowledge, offering opportunities to develop intercultural health education strategies
within community nursing. However, direct effects on health indicators were not assessed.
Keywords: Ancestral knowledge, ethnography, Indigenous communities, intercultural health,
transcultural nursing.
Copyright: Derechos de autor 2026 Tatiana
Alexandra González Verdezoto,
Gregoriana Mendoza, Angelo Ivan Cepeda
Gonzalez.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative Commons Atribución-
NoComercial 4.0.
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1. Introducción
La globalización alimentaria y la transición nutricional han transformado los sistemas alimentarios de
los pueblos indígenas latinoamericanos, modificando sus prácticas de producción, preparación y
consumo. En Ecuador, las comunidades Kichwa de la región andina experimentan cambios
alimentarios asociados con la urbanización y las transformaciones socioculturales. Estos procesos
pueden comprometer la continuidad de los conocimientos ancestrales e influir en las condiciones de
salud comunitaria. Chee et al. (2019) examinaron estas dinámicas mediante el concepto de
desculturización, mientras que Malli et al. (2023) documentaron transformaciones históricas de los
sistemas alimentarios indígenas.
La alimentación tradicional indígena constituye un sistema biocultural que articula conocimientos
ancestrales, biodiversidad, territorio e identidad colectiva. Las prácticas agrícolas y el consumo de
productos locales contribuyen a preservar la diversidad alimentaria y los vínculos entre cultura y
sostenibilidad ambiental (Argumedo et al., 2020; Deaconu et al., 2021). En Chimborazo, Gallegos-
Riofrío et al. (2021) documentaron experiencias comunitarias relacionadas con la soberanía alimentaria
y las dietas sostenibles. Asimismo, Penafiel et al. (2019) destacaron la contribución de los alimentos
tradicionales a la diversidad de la dieta de mujeres rurales ecuatorianas.
La educación intercultural en salud permite articular conocimientos científicos y saberes ancestrales
desde el reconocimiento de las particularidades socioculturales de los pueblos indígenas. Esta
perspectiva considera que las prácticas alimentarias y de cuidado responden a concepciones propias
de salud, bienestar e identidad (Bautista-Valarezo et al., 2020; Curtis et al., 2019). Desde la enfermería,
Leininger (1978) fundamenta la comprensión del cuidado mediante los valores y las creencias
culturales. A su vez, Cunningham y Mercury (2023) destacan la participación indígena en la
construcción de conocimientos para desarrollar investigaciones culturalmente pertinentes.
La transmisión intergeneracional de saberes alimentarios se desarrolla mediante experiencias
colectivas que integran aprendizaje práctico, participación familiar y relaciones de reciprocidad. Estas
actividades favorecen la continuidad de conocimientos sobre el cultivo, la selección y la preparación de
alimentos, además de fortalecer los vínculos comunitarios (Deaconu et al., 2021; Miltenburg et al., 2022).
Sin embargo, la dimensión educativa de estas prácticas y su vinculación con los conocimientos sobre
alimentación, cuidado y bienestar requieren mayor comprensión en contextos locales. Esta necesidad
plantea examinar su posible función como espacios de educación intercultural no formal en salud.
La etnografía constituye una aproximación cualitativa pertinente para comprender las prácticas
sociales y sus significados desde la perspectiva de quienes participan en ellas (Hammersley &
Atkinson, 2019; Shattnawi, 2026). Particularmente, la etnografía focalizada permite estudiar fenómenos
socioculturales delimitados mediante la observación y el análisis contextualizado de las experiencias
comunitarias (Opara & Petrucka, 2024). Su aplicación al estudio de las actividades alimentarias facilita
examinar las interacciones, los aprendizajes compartidos y la transmisión de saberes bioculturales.
Asimismo, permite interpretar sus posibles significados educativos y sanitarios sin desvincularlos del
contexto sociocultural.
En este contexto, la investigación se desarrolló entre octubre de 2025 y febrero de 2026 en la
comunidad Kichwa de Santiago de Quito, cantón Colta, provincia de Chimborazo, mediante un
enfoque cualitativo de etnografía focalizada. Se abordaron actividades relacionadas con el cultivo de
quinua y maíz en policultivos, la preparación tradicional de alimentos, la ritualidad asociada con la
Pachamama, el aventado de quinua, el desgrane de maíz y las mingas. El objetivo fue analizar las
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prácticas de educación intercultural en salud presentes en estas actividades comunitarias y su relación
con la conservación de los sistemas alimentarios tradicionales y la transmisión intergeneracional de
saberes bioculturales.
2. Desarrollo
La alimentación tradicional como sistema biocultural
Los sistemas alimentarios indígenas constituyen estructuras bioculturales que integran conocimientos
ecológicos, prácticas agrícolas ancestrales, relaciones de reciprocidad y formas comunitarias de
organización del trabajo. Estos sistemas articulan la producción y el consumo de alimentos con la
conservación de la biodiversidad, la identidad cultural y las relaciones territoriales (Argumedo et al.,
2020). En Ecuador, Gallegos-Riofrío et al. (2021) documentaron experiencias de soberanía alimentaria
en comunidades indígenas de Chimborazo, destacando la importancia de las prácticas agrícolas
tradicionales y los conocimientos locales. Desde esta perspectiva, la alimentación trasciende su función
nutricional y constituye una expresión de las relaciones culturales, sociales y ambientales que
sustentan la vida comunitaria.
La alimentación tradicional como sistema biocultural
Los sistemas alimentarios indígenas constituyen estructuras bioculturales que integran conocimientos
ecológicos, prácticas agrícolas ancestrales, relaciones de reciprocidad y formas comunitarias de
organización. Estos sistemas vinculan la producción y el consumo de alimentos con la conservación de
la biodiversidad, la identidad cultural y las relaciones territoriales (Argumedo et al., 2020; Deaconu et
al., 2021). En Ecuador, Gallegos-Riofrío et al. (2021) documentaron experiencias de soberanía
alimentaria en una comunidad indígena de Chimborazo. Desde esta perspectiva, la alimentación
trasciende su función nutricional y representa una expresión de las relaciones sociales, culturales y
ambientales que sustentan la vida comunitaria.
La soberanía alimentaria comprende la capacidad de los pueblos para participar en las decisiones
sobre la producción, distribución y consumo de alimentos, conforme a sus necesidades, conocimientos
y valores culturales. En las comunidades andinas, estas prácticas se relacionan con principios de
reciprocidad, solidaridad y respeto por la naturaleza, asociados con las concepciones del Buen Vivir
(Añaños et al., 2020; Córdoba et al., 2021). Esta relación adquiere relevancia en los sistemas agrícolas
tradicionales, donde el territorio y los ciclos naturales poseen significados culturales y simbólicos. Por
ello, preservar las prácticas alimentarias también implica conservar conocimientos, identidades y
relaciones comunitarias.
Los alimentos tradicionales andinos, como la quinua, el maíz, las habas, los mellocos y las papas,
forman parte de la diversidad agrícola y alimentaria de la Sierra ecuatoriana. Penafiel et al. (2019)
analizaron la contribución de los alimentos locales a la diversidad de la dieta de mujeres rurales,
destacando su importancia nutricional. Asimismo, Hernández-Moreno et al. (2024) examinaron la
seguridad alimentaria de poblaciones indígenas rurales latinoamericanas, evidenciando la relevancia
de sus condiciones socioculturales. En contraste, Chee et al. (2019) describieron transformaciones
alimentarias asociadas con la urbanización y la desculturización de comunidades Kichwa
ecuatorianas.
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Educación intercultural en salud: diálogo de saberes y seguridad cultural
La educación intercultural en salud se fundamenta en el reconocimiento de los conocimientos, valores
y prácticas que configuran las concepciones indígenas de salud y enfermedad. En este ámbito, la
seguridad cultural, desarrollada en la enfermería māori, propone superar las limitaciones de la
competencia cultural mediante el análisis crítico de las relaciones de poder y las desigualdades
sanitarias. Curtis et al. (2019) destacan la importancia de incorporar las perspectivas de las poblaciones
atendidas para promover servicios culturalmente seguros. Este enfoque favorece relaciones
respetuosas entre los profesionales de enfermería y las comunidades indígenas (De Zilva et al., 2022).
En Ecuador, las concepciones indígenas de salud comprenden dimensiones físicas, espirituales,
sociales y ambientales que trascienden el enfoque exclusivamente biomédico. Bautista-Valarezo et al.
(2020) identificaron nociones de bienestar relacionadas con el equilibrio individual, comunitario y
territorial. Asimismo, Bautista-Valarezo et al. (2021) examinaron las percepciones de sanadores
indígenas ecuatorianos sobre su relación con el sistema formal de salud, identificando barreras y
oportunidades de articulación. Estos antecedentes sustentan la necesidad de promover un diálogo de
saberes que reconozca los conocimientos tradicionales y fortalezca la participación comunitaria en los
procesos educativos y sanitarios.
La teoría del cuidado cultural de Leininger (1978) proporciona fundamentos para comprender las
prácticas de salud a partir de los valores, creencias y conocimientos de cada comunidad. Su modelo
del sol naciente considera factores culturales, sociales, religiosos y ambientales que influyen en las
experiencias de cuidado. En esta línea, Garcia et al. (2026) evaluaron una actividad educativa sobre
preeclampsia dirigida a parteras tradicionales de Guatemala, mientras que Bussalleu et al. (2021)
estudiaron las conductas de búsqueda de atención sanitaria entre los Shawi de la Amazonía peruana.
Ambos antecedentes aportan elementos para comprender la pertinencia de los enfoques culturalmente
contextualizados.
Transmisión intergeneracional y minga como mecanismos de educación biocultural no formal
La transmisión intergeneracional de saberes alimentarios constituye un proceso de aprendizaje
comunitario mediante el cual se comparten prácticas agrícolas, técnicas culinarias y significados
culturales asociados con la alimentación. Estos conocimientos circulan mediante la observación, la
participación y las experiencias cotidianas entre generaciones. Demientieff et al. (2023) documentaron
una experiencia de mentoría entre personas mayores orientada a preservar conocimientos y prácticas
alimentarias tradicionales en comunidades nativas de Alaska. Asimismo, Hernández-Puente et al.
(2025) estudiaron la diversidad, el manejo y los usos de plantas comestibles en una comunidad
indígena mexicana, aportando antecedentes sobre los conocimientos asociados con los recursos
alimentarios locales.
En las comunidades andinas, la minga constituye una práctica de trabajo colectivo sustentada en la
cooperación, la reciprocidad y la responsabilidad compartida. En las actividades agrícolas, puede
facilitar el intercambio de conocimientos sobre la siembra, la cosecha, el procesamiento de alimentos y
la organización comunitaria. Los principios de solidaridad descritos por Córdoba et al. (2021) y las
relaciones de reciprocidad vinculadas con la soberanía alimentaria examinadas por Miltenburg et al.
(2022) ofrecen fundamentos para interpretar estas dinámicas. Así, la minga puede comprenderse como
un posible espacio de educación biocultural no formal, donde el aprendizaje surge de la participación
y la experiencia compartida.
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No obstante, los procesos históricos de colonización y transformación sociocultural han modificado
los sistemas alimentarios indígenas y sus mecanismos de transmisión de conocimientos. Malli et al.
(2023) documentaron los efectos de la colonización sobre las prácticas alimentarias y las relaciones
territoriales de pueblos indígenas de Canadá y Estados Unidos. Por su parte, Chee et al. (2019)
identificaron transformaciones socioculturales y alimentarias en poblaciones Kichwa de los Andes
ecuatorianos. Estos antecedentes justifican examinar cómo las actividades agrícolas colectivas y las
prácticas alimentarias de Santiago de Quito se relacionan con la conservación cultural y la transmisión
intergeneracional de saberes.
3. Metodología
Diseño
Se desarrolló una investigación cualitativa, sustentada en el paradigma interpretativo-constructivista,
mediante un diseño de etnografía focalizada. Su elección respondió a la necesidad de comprender
prácticas culturales específicas en un período delimitado de trabajo de campo (Opara & Petrucka,
2024). El estudio se centró en las actividades alimentarias tradicionales como posibles espacios de
educación intercultural en salud, mediante la observación participante y la interpretación de sus
significados. Para su desarrollo se consideraron los fundamentos metodológicos de la investigación
etnográfica en enfermería (Roper & Shapira, 2000; Shattnawi, 2026).
Durante el trabajo de campo, la investigadora mantuvo una postura reflexiva mediante el registro
sistemático de observaciones, experiencias y supuestos relacionados con las prácticas comunitarias.
Este procedimiento se documentó en un diario de campo, conforme a las orientaciones de Hammersley
y Atkinson (2019). Asimismo, se consideraron los principios de seguridad cultural descritos por Curtis
et al. (2019), especialmente el reconocimiento de las relaciones de poder y el respeto por los
conocimientos indígenas. Los registros reflexivos permitieron examinar el posicionamiento de la
investigadora y sus posibles influencias sobre la interpretación de los datos.
Contexto y participantes
La investigación se desarrolló en la comunidad Kichwa de Santiago de Quito, cantón Colta, provincia
de Chimborazo, Ecuador, ubicada aproximadamente a 3200 metros sobre el nivel del mar. El contexto
estuvo conformado por familias dedicadas a actividades agrícolas de subsistencia mediante sistemas
tradicionales de policultivo. Entre las especies cultivadas se identificaron quinua (Chenopodium quinoa),
maíz (Zea mays), papa (Solanum tuberosum), habas (Vicia faba) y mellocos (Ullucus tuberosus). Estas
actividades constituyeron escenarios para observar las interacciones comunitarias, las prácticas
alimentarias y la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Los informantes clave se seleccionaron mediante muestreo intencionado, complementado con la
técnica de bola de nieve, según su participación comunitaria y conocimiento de las prácticas
alimentarias tradicionales. Los criterios de inclusión comprendieron la pertenencia activa a la
comunidad Kichwa, la participación en actividades agrícolas o rituales alimentarios y la representación
de distintas generaciones. Participaron cinco informantes de 25, 45, 50, 58 y 60 años. Todos
intervinieron voluntariamente en entrevistas etnográficas informales, acompañaron a la investigadora
durante las jornadas de campo y colaboraron en la revisión de las interpretaciones preliminares.
Adicionalmente, se observaron actividades colectivas con la participación de niños, jóvenes y
adultos durante mingas, rituales y jornadas agrícolas. La observación se limitó a las prácticas
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desarrolladas en espacios comunitarios, sin efectuar entrevistas ni recopilar información personal de
los demás participantes. Estas actividades contaron con la autorización previa de la directiva
comunitaria o cabildo y, cuando participaron menores, con el conocimiento y la aceptación de sus
representantes. Los registros permitieron examinar las interacciones intergeneracionales y las formas
de participación colectiva vinculadas con la producción, preparación y consumo de alimentos
tradicionales.
Los cinco informantes clave participaron de manera voluntaria, previa obtención del
consentimiento informado escrito, bajo principios de respeto cultural y reciprocidad (Cunningham &
Mercury, 2023). Para proteger su identidad se utilizaron seudónimos acordados con los participantes,
como «Doña Rosa», «Don Pedro» y «Miguel», además de descriptores de rol, como «el jefe de familia»
y «la abuela». Los demás integrantes observados se identificaron mediante denominaciones generales,
sin registrar sus nombres. Este procedimiento de anonimización se mantuvo durante el análisis y la
presentación de los hallazgos.
Técnicas de recolección de datos
Se utilizaron tres técnicas complementarias de recolección de datos: observación participante, diario
de campo reflexivo y entrevistas etnográficas informales. Su aplicación permitió documentar las
prácticas alimentarias, las interacciones comunitarias y los significados atribuidos por los informantes
a sus experiencias. La selección de estas técnicas se fundamentó en los principios metodológicos de la
investigación etnográfica en enfermería y el estudio focalizado de fenómenos culturales (Roper &
Shapira, 2000; Opara & Petrucka, 2024). El trabajo de campo se efectuó entre octubre de 2025 y febrero
de 2026.
Observación participante. La investigadora participó en actividades agrícolas relacionadas con la
preparación del terreno, la siembra mediante policultivo con taclla, el aporque y riego de papas, el
aventado de quinua y las mingas de desgrane de maíz. También observó el ritual a la Pachamama con
t'inka, la pamba mesa y la preparación de sopa de quinua en fogón de leña. Se documentaron las
interacciones comunitarias, la organización colectiva y las experiencias de aprendizaje. En total, se
registraron 196 horas de observación participante, distribuidas en 22 jornadas durante el período de
estudio.
Diario de campo reflexivo. Cada jornada se documentó mediante registros que incluyeron fecha,
lugar, horarios, actividades observadas y reflexiones de la investigadora. Se empleó un esquema de
doble entrada, basado en las orientaciones de Spradley (1980), para diferenciar las descripciones de los
acontecimientos de sus interpretaciones culturales. Los registros descriptivos permitieron reconstruir
las prácticas y las interacciones comunitarias, mientras que los reflexivos facilitaron reconocer
supuestos y posibles sesgos interpretativos. Ambas dimensiones se integraron posteriormente al
análisis cualitativo para contextualizar los significados atribuidos a las experiencias observadas.
Entrevistas etnográficas informales. Se realizaron conversaciones exclusivamente con los cinco
informantes clave durante las actividades agrícolas, rituales y alimentarias. Estas se orientaron a
comprender los significados de las prácticas tradicionales, las experiencias de aprendizaje y los
conocimientos relacionados con la alimentación y la salud. Se formularon preguntas descriptivas y
estructurales, siguiendo las orientaciones metodológicas de Spradley (1980), para explorar los
dominios culturales identificados. La información obtenida se documentó en el diario de campo y se
incorporó al análisis cualitativo, sin entrevistar a los demás integrantes de la comunidad.
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Análisis de datos
El análisis se efectuó mediante el modelo de dominios culturales de Spradley (1980), considerando su
pertinencia para la interpretación etnográfica en enfermería (Shattnawi, 2026). El procedimiento
comprendió cuatro fases iterativas. Primero, se identificaron dominios culturales a partir de los
registros y las expresiones de los informantes; posteriormente, se organizaron las relaciones entre
categorías mediante el análisis taxonómico. En la tercera fase, el análisis componencial permitió
reconocer atributos y diferencias entre los dominios. Finalmente, se identificaron temas culturales para
interpretar los significados compartidos y sus relaciones con las prácticas comunitarias.
Para fortalecer la credibilidad de los hallazgos, se realizó una triangulación de técnicas mediante el
contraste de observaciones, entrevistas etnográficas y registros reflexivos del diario de campo.
También se efectuó una triangulación de fuentes, comparando las perspectivas de informantes
pertenecientes a distintas generaciones. Las interpretaciones preliminares se contrastaron con los cinco
informantes clave para revisar su correspondencia con los significados atribuidos a las prácticas
comunitarias. La literatura científica se utilizó como fundamento contextual e interpretativo, sin
incorporarse como fuente primaria de información ni sustituir las evidencias obtenidas durante el
trabajo de campo.
Declaración ética
La investigación se desarrolló conforme a los principios de la Declaración de Helsinki (World Medical
Association, 2013) y las pautas éticas internacionales del Consejo de Organizaciones Internacionales
de las Ciencias Médicas (2016). Se obtuvo el consentimiento informado escrito de los cinco informantes
clave, con traducción al kichwa cuando fue necesario. La observación colectiva contó con la
autorización de la directiva comunitaria y se efectuó bajo las condiciones descritas para la participación
de menores. Durante el trabajo de campo, la investigadora mantuvo relaciones de respeto y
reciprocidad mediante su colaboración en actividades comunitarias.
La confidencialidad se protegió mediante el uso de seudónimos y descriptores de rol durante el
registro, análisis y presentación de los resultados. La investigación formó parte de la tesis doctoral
titulada “Abordaje etnográfico de enfermería ante las prácticas alimentarias tradicionales y su impacto
en la salud”. El protocolo fue evaluado por la Comisión de Bioética de la Facultad de Medicina de la
Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela, durante las sesiones del 11 al 13 de noviembre de 2024.
Su aprobación unánime se formalizó mediante el informe del 14 de noviembre de 2024, presentado
como documentación suplementaria.
4. Resultados
El análisis de 22 entradas del diario de campo, correspondientes a 196 horas de observación
participante, y de las entrevistas etnográficas informales realizadas a cinco informantes clave permitió
identificar cuatro categorías culturales. Estas comprendieron el ciclo biocultural de la tierra, la minga
y la reciprocidad comunitaria, los rituales alimentarios y la transmisión intergeneracional, y las
tensiones entre tradición y modernización. Los hallazgos mostraron que las actividades agrícolas,
alimentarias y rituales funcionaron como espacios de intercambio de conocimientos y participación
colectiva. Asimismo, permitieron interpretar sus vínculos con la identidad Kichwa, el bienestar
comunitario y la continuidad de los saberes tradicionales.
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La tabla 1 sintetiza las categorías identificadas mediante el análisis etnográfico, las prácticas
comunitarias asociadas y las funciones educativas interpretadas a partir de los registros de campo.
También presenta las principales tensiones observadas respecto de la continuidad de estas
experiencias. Esta organización permitió relacionar las actividades agrícolas y alimentarias con los
procesos de aprendizaje práctico, cooperación e intercambio intergeneracional de conocimientos. Las
categorías se analizaron de manera integrada, considerando que las experiencias comunitarias
incluyeron dimensiones productivas, culturales, espirituales y sociales.
Tabla 1
Categorías culturales identificadas en las prácticas alimentarias tradicionales Kichwa
Categoría cultural
Prácticas observadas
Función educativa
identificada
Tensiones registradas
Ciclo biocultural de la
tierra
Arado con yunta, siembra con
taclla, policultivos, aporque y
riego
Transmisión de conocimientos
agrícolas, reconocimiento del
entorno y aprendizaje
intergeneracional
Incorporación de
maquinaria y cambios en las
herramientas tradicionales
Minga y reciprocidad
comunitaria
Limpieza de canales,
construcción de
infraestructura y trabajo
agrícola colectivo
Aprendizaje colaborativo,
cooperación y organización
comunitaria
Migración juvenil y cambios
en la participación colectiva
Ritual alimentario y
transmisión
intergeneracional
T'inka, pamba mesa,
aventado de quinua, desgrane
de maíz y preparación de
alimentos
Transmisión de saberes
culinarios, significados
espirituales e identidad cultural
Diferencias generacionales
en la participación y las
preferencias alimentarias
Tradición,
modernización y
continuidad
alimentaria
Uso de herramientas
tradicionales y modernas,
fogones de leña, cocinas a gas
y alimentos procesados
Adaptación de prácticas e
intercambio de conocimientos
entre generaciones
Transformaciones
tecnológicas y alimentarias
Nota. Las categorías se construyeron a partir de 22 registros del diario de campo y entrevistas etnográficas informales realizadas entre octubre
de 2025 y febrero de 2026 en Santiago de Quito, Colta, Chimborazo. Las funciones educativas y las tensiones corresponden a interpretaciones
del análisis cualitativo.
El ciclo biocultural de la tierra como espacio educativo en salud
La observación del 25 de octubre de 2025, durante la preparación del terreno para el cultivo de quinua,
permitió reconocer el ciclo agrícola como un espacio de transmisión de conocimientos sobre la tierra y
la producción alimentaria. Se identificaron prácticas de organización familiar, manejo de herramientas
tradicionales y reconocimiento de las condiciones del suelo. Asimismo, se registraron expresiones de
respeto hacia la naturaleza y formas de trabajo relacionadas con la cosmovisión andina. Estas
experiencias se interpretaron como procesos de aprendizaje comunitario que integraron habilidades
agrícolas, conocimientos ambientales y significados culturales.
En relación con estas prácticas, la investigadora consignó en su diario de campo una reflexión sobre
los significados culturales atribuidos al trabajo agrícola y su vinculación con la soberanía alimentaria:
El proceso agrícola es un reflejo de la cosmovisión andina, donde la naturaleza, el ser humano y la
comunidad están interconectados. Al observar el respeto y la paciencia con la que se trabaja la tierra,
comprendo que la soberanía alimentaria no es solo una cuestión de producción, sino una filosofía de
vida basada en la reciprocidad con la naturaleza.
Este registro reflexivo permitió interpretar las relaciones entre las prácticas agrícolas, la
reciprocidad y las concepciones culturales sobre la naturaleza. En las jornadas de campo también se
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identificaron conocimientos relacionados con las características del terreno, el uso de herramientas y
la organización familiar del trabajo. Las referencias a los ciclos naturales, incluidos los lunares,
formaron parte de los saberes considerados por los participantes. Su transmisión se observó mediante
la participación directa, las orientaciones prácticas y el intercambio cotidiano de experiencias entre
integrantes de diferentes generaciones.
Durante la jornada del 18 de febrero de 2026 se documentó la siembra simultánea de maíz, habas y
mellocos mediante un sistema tradicional de policultivo. Una mujer de la comunidad y su nuera participaron
en la selección y el manejo de semillas, mientras otros integrantes prepararon el terreno con taclla. Se
registraron conocimientos relacionados con las variedades de maíz blanco y negro y la distribución de las
especies cultivadas. Estas actividades permitieron reconocer mecanismos de aprendizaje práctico asociados
con la diversidad alimentaria y la transmisión de técnicas agrícolas tradicionales.
También se identificaron diferencias generacionales en las preferencias por las herramientas
agrícolas. Mientras un participante de mayor edad utilizó un arado de madera y dirigió la yunta
mediante expresiones en kichwa, otro más joven manifestó su preferencia por herramientas metálicas
y consideró el uso de maquinaria. Estas observaciones reflejaron distintas valoraciones de los
procedimientos tradicionales y las alternativas tecnológicas disponibles. Sin embargo, no permitieron
establecer una pérdida efectiva de conocimientos, sino reconocer posibles transformaciones en los
mecanismos de transmisión de las prácticas agrícolas.
La minga y la reciprocidad como espacios de aprendizaje comunitario
La minga desarrollada el 25 de enero de 2026, destinada a la limpieza de un canal de riego y la
construcción de un puente, permitió identificar la reciprocidad como principio organizador del trabajo
colectivo. Los participantes realizaron actividades de mantenimiento de infraestructura comunitaria
mediante la distribución de responsabilidades y la cooperación. La limpieza del canal estuvo vinculada
con la disponibilidad de agua para la producción agrícola y el sostenimiento de los cultivos. Estas
experiencias permitieron interpretar la minga como un espacio de aprendizaje práctico sobre
organización comunitaria y cuidado de los recursos compartidos.
Durante esta actividad se registró la participación de mujeres que proporcionaron alimentos y
bebidas a quienes realizaron las labores comunitarias. La distribución de comida representó una
práctica de reciprocidad asociada con el reconocimiento del trabajo colectivo y el fortalecimiento de
las relaciones sociales. Estas acciones mostraron que la minga integró actividades productivas y
alimentarias dentro de una misma experiencia comunitaria. Desde una perspectiva educativa, el
intercambio permitió reconocer formas de aprendizaje relacionadas con la cooperación, la
responsabilidad compartida y la convivencia entre generaciones.
La jornada del 11 de enero de 2026, dedicada al aporque de papas, permitió observar la participación
conjunta de niños, jóvenes y adultos en las actividades agrícolas. Los participantes asumieron tareas
diferenciadas según sus capacidades y experiencias, mientras las personas de mayor edad
compartieron conocimientos sobre los procedimientos de cultivo. También se registraron expresiones
orales y refranes relacionados con el trabajo agrícola, incorporados a las explicaciones cotidianas. Estas
interacciones permitieron identificar procesos de aprendizaje intergeneracional basados en la
observación, la participación y la comunicación oral.
Los registros de campo también recogieron preocupaciones sobre la continuidad de las actividades
colectivas y la participación de las generaciones jóvenes. La migración laboral hacia ciudades como
Riobamba y Quito apareció como un factor relacionado con posibles cambios en la disponibilidad de
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participantes para las mingas. No obstante, la investigación no cuantificó los desplazamientos ni
determinó sus efectos sobre la organización comunitaria. Por consiguiente, estas observaciones se
interpretaron como tensiones socioculturales que podrían influir en las condiciones de transmisión de
conocimientos, sin establecer relaciones causales.
El ritual alimentario como espacio de transmisión intergeneracional
La tercera categoría comprendió prácticas rituales y actividades tradicionales de procesamiento
alimentario registradas durante distintas jornadas de campo. Entre ellas se identificaron el ritual t'inka
dedicado a la Pachamama, realizado el 9 de noviembre de 2025; el aventado de quinua, observado el
20 de enero de 2026; y el desgrane colectivo de maíz, documentado el 21 de enero. Estas experiencias
integraron conocimientos técnicos, expresiones simbólicas y formas de participación familiar. Su
análisis permitió reconocer espacios de transmisión cultural vinculados con la producción, preparación
y consumo de alimentos tradicionales.
Durante el ritual t'inka se observó la presentación de productos agrícolas, incluidos granos y chicha,
como expresión simbólica de agradecimiento y solicitud de bienestar a la Pachamama. Posteriormente,
la pamba mesa reunió a los participantes alrededor de alimentos compartidos, dispuestos sobre
manteles colocados en el suelo. Esta práctica articuló elementos espirituales, alimentarios y
comunitarios mediante la convivencia intergeneracional. Los registros permitieron interpretar el
intercambio de alimentos como una expresión de reciprocidad, pertenencia cultural y bienestar
colectivo, sin limitar su significado a la satisfacción de necesidades nutricionales.
El aventado de quinua, realizado el 20 de enero de 2026 en el entorno de la laguna de Colta, permitió
documentar conocimientos asociados con el procesamiento tradicional del grano. Dos participantes de
mayor edad ejecutaron movimientos coordinados para aprovechar la dirección y la intensidad del
viento, ajustando la inclinación y el ritmo del lanzamiento. La participación de la investigadora facilitó
comprender la precisión requerida y la importancia de la experiencia acumulada. Estas observaciones
permitieron reconocer una modalidad de aprendizaje práctico sustentada en la demostración, la
repetición y el acompañamiento de personas experimentadas.
Durante el desgrane colectivo de maíz, desarrollado el 21 de enero de 2026, se registraron
interacciones familiares relacionadas con el conocimiento de las variedades cultivadas y sus usos
culinarios. Una mujer de mayor edad explicó estas características a sus nietos, mientras otros
participantes conversaron sobre las actividades agrícolas posteriores. El trabajo manual y las
explicaciones orales se desarrollaron simultáneamente, sin requerir espacios formales de enseñanza.
Esta dinámica permitió interpretar el procesamiento tradicional de alimentos como una experiencia de
transmisión intergeneracional mediante la convivencia y la participación práctica.
Tensiones entre tradición, modernización y continuidad de los saberes alimentarios
La cuarta categoría reunió las diferencias observadas entre las prácticas tradicionales y la
incorporación de tecnologías y hábitos contemporáneos. Durante el trabajo de campo se registró la
coexistencia de fogones de leña y cocinas a gas, así como de arados tradicionales y herramientas
metálicas. También se identificaron variaciones en el uso de guantes y dispositivos electrónicos
durante las actividades agrícolas. Estas situaciones reflejaron procesos de adaptación tecnológica y
distintas preferencias generacionales, sin constituir evidencia suficiente de abandono de los
conocimientos tradicionales.
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Las diferencias también se manifestaron en las preferencias alimentarias expresadas por
participantes de distintas edades. Durante una jornada, un niño manifestó su preferencia por las papas
fritas comercializadas en una tienda frente a las papas hervidas procedentes del huerto familiar. Por
otra parte, una mujer adulta destacó el sabor de los alimentos preparados en fogón de leña, aunque
reconoció otras alternativas de cocción. Estos contrastes permitieron identificar diversas valoraciones
de los alimentos y las técnicas culinarias, sin establecer cambios generalizados en los patrones
alimentarios comunitarios.
En las actividades rituales se observaron diferencias en las formas de participación de jóvenes y
personas de mayor edad. Durante el ritual t'inka se registró una presencia juvenil menor, mientras que
en la pamba mesa algunos participantes jóvenes utilizaron teléfonos móviles. Estas situaciones
mostraron la coexistencia de prácticas culturales tradicionales con comportamientos vinculados con
tecnologías contemporáneas. Sin embargo, el uso de dispositivos electrónicos no se interpretó como
indicador directo de pérdida de identidad cultural, debido a que las observaciones no permitieron
establecer dicha relación.
En conjunto, los resultados mostraron que las actividades agrícolas, las mingas y los encuentros
rituales constituyeron espacios de aprendizaje comunitario mediante la observación, la experiencia
práctica y la comunicación intergeneracional. Estas experiencias permitieron reconocer conocimientos
relacionados con la producción alimentaria, el aprovechamiento del entorno, la cooperación y las
concepciones culturales de bienestar. Asimismo, se identificaron tensiones asociadas con las
transformaciones tecnológicas, las preferencias alimentarias y la participación juvenil. Los hallazgos
contribuyeron a comprender la dimensión educativa y biocultural de las prácticas alimentarias
tradicionales de la comunidad Kichwa de Santiago de Quito.
5. Discusión
Los hallazgos de esta etnografía focalizada aportaron evidencia cualitativa sobre las prácticas
alimentarias tradicionales y los procesos de aprendizaje intercultural en la comunidad Kichwa de
Santiago de Quito. Las actividades agrícolas, las mingas y los rituales alimentarios constituyeron
espacios de transmisión intergeneracional de conocimientos y participación colectiva. Estos resultados
concordaron con la dimensión biocultural de los sistemas alimentarios indígenas descrita por
Argumedo et al. (2020) y Deaconu et al. (2021). El principal aporte del estudio radicó en identificar los
mecanismos cotidianos mediante los cuales estas prácticas conservaron significados educativos,
culturales y comunitarios.
En relación con el ciclo biocultural de la tierra, las prácticas agrícolas favorecieron el intercambio de
conocimientos ecológicos y alimentarios entre generaciones. Gallegos-Riofrío et al. (2021)
documentaron la importancia de los sistemas tradicionales para la soberanía alimentaria en
Chimborazo, mientras que Penafiel et al. (2019) destacaron la contribución de los alimentos locales a
la diversidad alimentaria. A diferencia de estos antecedentes, centrados en dimensiones de soberanía
y alimentación, la presente investigación examinó las interacciones mediante las cuales se
compartieron técnicas agrícolas y conocimientos culturales. Esta distinción permitió reconocer la
producción alimentaria como una experiencia de aprendizaje comunitario no formal.
Las actividades de siembra, aventado de quinua y desgrane de maíz mostraron que el aprendizaje
se desarrolló mediante observación, participación y acompañamiento de personas experimentadas.
Demientieff et al. (2023) documentaron experiencias de preservación intergeneracional de
conocimientos alimentarios en comunidades nativas de Alaska, mientras que Hernández-Puente et al.
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(2025) examinaron conocimientos sobre plantas comestibles en una comunidad indígena mexicana. La
convergencia entre estos antecedentes y los hallazgos de Santiago de Quito sugirió que la participación
práctica constituye un mecanismo relevante para conservar saberes alimentarios. No obstante, las
diferencias culturales impidieron asumir procesos de transmisión idénticos entre comunidades.
Respecto de la minga, los resultados mostraron que el trabajo colectivo integró cooperación,
intercambio de alimentos y participación intergeneracional. Córdoba et al. (2021) identificaron
mecanismos de solidaridad y reciprocidad en comunidades andinas, mientras que Calderón et al.
(2021) relacionaron la autonomía alimentaria con perspectivas indígenas de salud y Buen Vivir. Los
hallazgos del presente estudio ampliaron esta interpretación al mostrar que la reciprocidad también
estuvo acompañada de experiencias de aprendizaje sobre organización agrícola y cuidado de recursos
compartidos. Sin embargo, estas prácticas no permitieron demostrar efectos directos sobre la seguridad
alimentaria o el estado nutricional de los participantes.
La participación de niños, jóvenes y adultos durante las mingas permitió identificar aprendizajes
relacionados con la distribución de responsabilidades, la comunicación oral y la cooperación. Estos
resultados guardaron relación con Miltenburg et al. (2022), quienes examinaron la reciprocidad y las
relaciones comunitarias en procesos de soberanía alimentaria indígena. Por otra parte, Levesque y
Quesnel-Vallée (2019) estudiaron asociaciones entre capital social y salud mental en poblaciones
indígenas canadienses. Aunque no se evaluaron indicadores psicológicos, los vínculos observados
permitieron interpretar la cooperación como una dimensión del bienestar comunitario, sin atribuirle
efectos sanitarios no medidos.
Los rituales t'inka y pamba mesa integraron expresiones espirituales, intercambio alimentario y
participación colectiva, lo que permitió reconocer significados culturales asociados con el bienestar.
Bautista-Valarezo et al. (2020) identificaron concepciones indígenas de salud que incorporaban
dimensiones físicas, sociales, espirituales y ambientales. Asimismo, McBride-Henry et al. (2022)
destacaron la importancia de comprender las conceptualizaciones indígenas del bienestar. La
correspondencia entre estos antecedentes y las observaciones permitió interpretar los rituales como
prácticas vinculadas con concepciones integrales de salud. No obstante, su significado sanitario se
estableció desde una interpretación cultural, sin evaluar resultados clínicos.
Desde la enfermería transcultural, los hallazgos encontraron fundamento en la teoría del cuidado
cultural de Leininger (1978), que reconoce la influencia de los valores y las creencias sobre las
experiencias de cuidado. Garcia et al. (2026) evaluaron una actividad educativa dirigida a parteras
tradicionales de Guatemala, mientras que Badanta-Romero et al. (2021) abordaron los cuidados de
enfermería en comunidades indígenas amazónicas. Estos antecedentes respaldaron la pertinencia de
reconocer los conocimientos locales como punto de partida para diseñar actividades educativas
culturalmente contextualizadas. Sin embargo, la presente investigación no evaluó intervenciones de
enfermería, por lo que esta aplicación constituyó una implicación potencial de sus resultados.
La cuarta categoría evidenció diferencias generacionales en las herramientas agrícolas, las técnicas
culinarias y la participación ritual, reflejando la coexistencia de prácticas tradicionales y
contemporáneas. Chee et al. (2019) documentaron procesos de transición nutricional y
desculturización en comunidades Kichwa urbanizadas de Ecuador, mientras que Sanchez-Samaniego
et al. (2021) examinaron la relación entre alimentación tradicional y riesgo metabólico en población
Awajún. A diferencia de estos estudios, los hallazgos de Santiago de Quito no demostraron cambios
nutricionales ni deterioro de la salud. Las observaciones permitieron reconocer transformaciones
culturales cuya magnitud y consecuencias requerían investigaciones complementarias.
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Las diferencias entre generaciones también plantearon interrogantes sobre la continuidad de las
prácticas alimentarias tradicionales. Malli et al. (2023) documentaron transformaciones históricas de
los sistemas alimentarios indígenas de Canadá y Estados Unidos, mientras que Ghosh-Jerath et al.
(2022) examinaron la resiliencia alimentaria de comunidades indígenas de la India. Estos antecedentes
permitieron considerar que la continuidad cultural depende de condiciones sociales e históricas que
exceden las decisiones individuales sobre alimentos o tecnologías. En Santiago de Quito, la
incorporación de herramientas modernas y las nuevas preferencias alimentarias se interpretaron como
expresiones de adaptación sociocultural, sin asumir una pérdida inevitable de identidad.
Desde una perspectiva aplicada, los resultados identificaron oportunidades para incorporar las
experiencias alimentarias comunitarias en futuras estrategias de educación intercultural en salud.
Curtis et al. (2019) señalaron la importancia de analizar las relaciones de poder para promover una
atención culturalmente segura, mientras que Cunningham y Mercury (2023) destacaron la
coproducción de conocimientos con los pueblos indígenas. En este sentido, la enfermería comunitaria
podría desarrollar actividades educativas participativas que integraran conocimientos tradicionales
sobre alimentación con contenidos de promoción de la salud. Su implementación requeriría acuerdos
comunitarios, pertinencia cultural y evaluación de sus resultados.
Una distinción fundamental fue que la transmisión de conocimientos agrícolas y culturales no
constituyó, por sí misma, evidencia suficiente de educación sanitaria. Los resultados mostraron
aprendizajes sobre producción alimentaria, organización colectiva y significados culturales del
bienestar, pero no documentaron sistemáticamente contenidos específicos de prevención, nutrición o
autocuidado. Esta precisión resultó relevante para interpretar el objetivo sin sobrestimar el alcance de
los hallazgos. Desde la perspectiva de la seguridad cultural, tales aprendizajes podrían constituir
puntos de partida para desarrollar procesos educativos interculturales, siempre que se identificaran
las necesidades y prioridades de la comunidad (Curtis et al., 2019).
En conjunto, la investigación permitió comprender cómo las actividades agrícolas, las mingas y los rituales
alimentarios contribuyeron a la transmisión intergeneracional de conocimientos y a la continuidad de
prácticas bioculturales. Estos resultados fueron consistentes con la importancia de los sistemas alimentarios
tradicionales descrita por Argumedo et al. (2020) y Gallegos-Riofrío et al. (2021). La contribución específica
del estudio consistió en caracterizar los espacios y mecanismos comunitarios de aprendizaje, así como las
tensiones que acompañaron su continuidad. Su relevancia para la enfermería intercultural radicó en
identificar oportunidades educativas que requerirían posterior desarrollo y evaluación.
Limitaciones
La investigación presentó limitaciones metodológicas que debieron considerarse al interpretar sus
hallazgos. En primer lugar, el estudio se desarrolló en una sola comunidad, mediante 196 horas de
observación participante distribuidas en 22 jornadas de campo. Aunque la etnografía focalizada
permitió profundizar en las experiencias y significados culturales, las particularidades territoriales,
sociales y organizativas de Santiago de Quito limitaron la transferibilidad de las interpretaciones a
otros contextos indígenas. Por consiguiente, los resultados se comprendieron desde las condiciones
específicas de la comunidad, sin pretender generalizaciones estadísticas.
En segundo lugar, la participación de cinco informantes clave y el registro de entrevistas informales
en el diario de campo limitaron la diversidad de perspectivas individuales y la posibilidad de
contrastar literalmente todos los testimonios. Asimismo, la posición de la investigadora como
observadora participante externa pudo influir en las interacciones comunitarias. Estas limitaciones se
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abordaron mediante reflexividad, triangulación y verificación de interpretaciones preliminares con los
informantes. No obstante, estos procedimientos fortalecieron la credibilidad del análisis sin eliminar
completamente los posibles sesgos derivados del posicionamiento de la investigadora.
Finalmente, no se realizaron mediciones de consumo alimentario, indicadores antropométricos ni
biomarcadores nutricionales, por lo que no fue posible establecer efectos sobre la salud. El período de
observación, comprendido entre octubre de 2025 y febrero de 2026, tampoco abarcó la totalidad del ciclo
agrícola anual. Además, la información recopilada no permitió caracterizar exhaustivamente los
conocimientos sanitarios transmitidos durante las actividades comunitarias. Se recomendó desarrollar
investigaciones longitudinales y de métodos mixtos que examinaran las relaciones entre aprendizaje
biocultural, prácticas alimentarias y resultados de salud, complementando la evidencia cualitativa obtenida.
6. Conclusiones
La etnografía focalizada desarrollada en la comunidad Kichwa de Santiago de Quito, Chimborazo,
permitió comprender que las prácticas tradicionales de producción, preparación y consumo de
alimentos constituyeron espacios de aprendizaje biocultural no formal. La minga, el ritual t'inka, el
aventado de quinua y el desgrane colectivo de maíz integraron conocimientos agrícolas, valores
comunitarios y significados culturales asociados con el bienestar. Estos hallazgos permitieron
identificar mecanismos de transmisión intergeneracional sustentados en la observación, la
participación y la experiencia compartida, que contribuyeron a la continuidad de los saberes
alimentarios y de la identidad cultural Kichwa.
Desde la perspectiva de la enfermería comunitaria e intercultural, los resultados identificaron
oportunidades para incorporar las prácticas alimentarias tradicionales como puntos de partida de
futuras estrategias educativas culturalmente pertinentes. Estas iniciativas podrían desarrollarse en
espacios comunitarios existentes, como las mingas y las actividades agrícolas, mediante procesos
participativos que reconocieran los conocimientos locales. No obstante, el estudio documentó
principalmente aprendizajes bioculturales y no evaluó intervenciones educativas sanitarias ni sus efectos
sobre la salud. Por consiguiente, su aplicación requeriría identificar previamente las necesidades
comunitarias y establecer mecanismos de diálogo entre los saberes tradicionales y científicos.
Las diferencias generacionales observadas en el uso de herramientas agrícolas, las preferencias
alimentarias y la participación ritual reflejaron transformaciones socioculturales que coexistieron con las
prácticas tradicionales. Estos resultados no demostraron una pérdida generalizada de conocimientos
ancestrales, sino distintas formas de adaptación y valoración de las experiencias comunitarias. En
consecuencia, la continuidad de los sistemas alimentarios no dependió exclusivamente de preservar
procedimientos tradicionales, sino también de comprender cómo se compartieron y reinterpretaron los
conocimientos entre generaciones. Esta perspectiva permitió reconocer la importancia de la participación
juvenil y la autonomía comunitaria en los procesos de transmisión cultural.
Finalmente, la investigación aportó evidencia cualitativa contextualizada sobre la relación entre las
actividades alimentarias colectivas, los mecanismos de aprendizaje intergeneracional y la conservación
de saberes bioculturales, sin establecer efectos causales sobre indicadores de salud. Se recomendó
desarrollar investigaciones de métodos mixtos que incorporaran mediciones de consumo alimentario,
diversidad dietética y estado nutricional, junto con observaciones etnográficas. Asimismo, la
participación de jóvenes, personas mayores y otros actores comunitarios permitiría identificar
necesidades educativas y evaluar estrategias interculturales de promoción de la salud, respetando las
prioridades, los conocimientos y las formas de organización de la comunidad Kichwa.
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Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés de naturaleza alguna como parte de la
presente investigación.
Fuente de financiamiento
Los autores financiaron completamente la investigación.
Contribución de autoría
Tatiana Alexandra González Verdezoto: Conceptualización, análisis formal, investigación, gestión de
datos, visualización, redacción - revisión y edición, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Gregoriana Mendoza: Metodología, validación.
Angelo Ivan Cepeda Gonzalez: Análisis gestión de datos, redacción - preparación del borrador
original.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.