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Vol. 41, enero-junio 2026 (218-232)
ISSN: 3028-8983
218
Artículo de revisión
Territorio, patrimonio y literatura manabita en Un hombre y un río
Manabi territory, heritage, and literature in Un hombre y un río
Nelly Ramírez Castro*
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí
Manta-Ecuador
nelly.ramirez@pg.uleam.edu.ec
https://orcid.org/0009-0004-7288-3006
Genoveva Ponce-Naranjo
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba-Ecuador
gponce@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-9631-5474
Genoveva Molina-Ponce
Profesional Independiente
Riobamba-Ecuador
poncegenoveva45@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-9105-4333
*Correspondencia: gponce@unach.edu.ec
Cómo citar este artículo:
Ramírez, N., Ponce-Naranjo, G., & Molina-
Ponce, G. (2026). Territorio, patrimonio y
literatura manabita en Un hombre y un río.
Perspectivas Sociales y Administrativas, 4(1),
218-232. https://doi.org/10.61347/psa.v4i1.142
Recibido: 20 de enero de 2026
Proceso de evaluación:
21 de enero al 22 de febrero de 2026
Aceptado: 23 de febrero de 2026
Publicado: 25 de marzo de 2026
Resumen: El artículo analiza la novela Un hombre y un río del escritor y educador
ecuatoriano Horacio Hidrovo Velásquez, mediante el reconocimiento de las marcas del
territorio y patrimonio cultural manabitas manifestadas en el discurso literario, que
facilitan la comprensión del contexto histórico rural del siglo XX. Dichas marcas se
contrastan con las normas, culturas, personajes, narrativas e identidades del siglo XXI.
Se asumió un enfoque cualitativo y el método hermenéutico, así como el análisis
sociohistórico, el cual partió con un estudio descriptivo y documental de las
características relevantes del personaje principal, Celestino Vinces. La investigación
arrojó puntos de discusión sobre la obra de Hidrovo Velásquez, al evidenciarse una
relación profunda entre el ser humano y la naturaleza y el planteamiento de las
problemáticas surgidas de su interrelación con el entorno; principalmente, los
simbolismos del río como arteria de existencia, eje cultural y económico. Se concluye que
la novela desde su lenguaje sencillo y poético se posiciona como un legado literario y
patrimonial manabita que aporta a la reflexión respecto a la escasa valoración del
campesino, de los renunciamientos y al río desde su condición impredecible.
Palabras clave: Análisis hermenéutico, cultura, literatura, Manabí, Un hombre y un río.
Abstract: The article analyzes the novel Un hombre y un río (A Man and a River) by Ecuadorian
writer and educator Horacio Hidrovo Velásquez, recognizing the marks of Manabi's territory and
cultural heritage manifested in literary discourse, which facilitate understanding of the rural
historical context of the 20th century. These marks are contrasted with the norms, cultures,
characters, narratives, and identities of the 21st century. A qualitative approach and hermeneutic
method were adopted, as well as a socio-historical analysis, which began with a descriptive and
documentary study of the relevant characteristics of the main character, Celestino Vinces. The
research raised points of discussion about Hidrovo Velásquez's work, highlighting a profound
relatio
nship between human beings and nature and the problems arising from their
interrelationship with the environment, mainly the symbolism of the river as an artery of existence
and a cultural and economic hub. It concludes that the novel, with its simple and poetic language,
stands as a literary and cultural legacy of Manabí that contributes to reflection on the low value
placed on peasants, on renunciations, and on the river with its unpredictable nature.
Keywords: Culture, hermeneutic nalysis, literature, Manabí, Un hombre y un río.
Copyright: Derechos de autor 2026 Nelly
Ramírez Castro, Genoveva Ponce-Naranjo,
Genoveva Molina-Ponce.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative
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1. Introducción
Pese a su riqueza, resultan insuficientes los estudios sobre el legado cultural manabita. Por este motivo,
la presente investigación tomó como unidad de análisis a la novela Un hombre y un río de Horacio
Hidrovo-Velásquez (1957), al abordar situaciones y normas culturales de la ruralidad del siglo XX
comparables con el actual contexto rural del XXI. Ambientada en la costa ecuatoriana, muestra como
escenario un período de gran cambio social: la construcción del ferrocarril y la llegada de empresas
extranjeras. Por lo tanto, se convierte en una ventana para mirar el entorno histórico y cultural de la
región y las interrelaciones esenciales entre ser humano y su medio natural.
Horacio Hidrovo Velásquez, poeta y novelista ecuatoriano, nació el 20 de mayo de 1902 en el cantón
Santa Ana. Figura destacada de las letras nacionales, produjo una obra narrativa anclada a sus raíces e
influenciada por varios hechos históricos. Uno de ellos, cuando a finales de la década del cuarenta del
siglo XX fue designado secretario de la Delegación en Portoviejo de la Caja Nacional del Seguro. Esta
situación le permitió contactar con la clase laboral e informarse de situaciones sociales de la población
campesina en Manabí.
Ejerció cargos públicos como rector del Colegio Olmedo y presidente de la Casa de la Cultura
Ecuatoriana, núcleo de Manabí, integró el juvenil literario Argos y fundó en Portoviejo la Asociación
de Intelectuales y Artistas (ADINAR). Fue apresado por sus ideas reaccionarias; en plena dictadura
conservadora de Páez, Hidrovo decidió autoconfinarse y retomar su profesión de educador particular.
En 1957 publicó su obra más conocida: Un hombre y un río. En 1961 el gobierno ecuatoriano le otorgó el
Premio al Mérito Educativo. “El poeta y creador de Un Hombre y un Río murió en Portoviejo 19 de
abril de 1962”.(Hidrovo, 2025)
Su interés innegable por la tierra, el patrimonio y la gente se impregnaron en la novela ruralista. Las
vivencias acumuladas en sus viajes lo dotaron para representar con solvencia hombres despojados,
tragedias generadas por un desatino y, sobre todo, los paisajes. En la novela bajo estudio, el río rebasa
su condición de elemento natural para convertirse en símbolo, pues suma acontecimientos,
temperamentos y episodios.
De acuerdo con Ayala (2008), entre 1948 y 1960, contexto histórico donde se publica la novela, una
alianza dominante liderada por la pequeña burguesía urbana defendía el latifundismo. La
estabilidad constitucional se mantuvo a pesar del crecimiento de la población y la presencia de
nuevas fuerzas políticas. El gobierno de Galo Plaza se enfoen modernizar el Estado y la economía
para adaptarse a las condiciones de predominio de Estados Unidos. Por su parte, el tercer
velasquismo si bien desarrolló planes de construcción vial y educativa, no concibió reformas
significativas, mientras que el gobierno de Camilo Ponce fue de tono liberal y enfrentó conflictos
sociales con represión.
En la cultura, la educación laica creció y las tendencias realistas y poesía modernista surgieron en
la literatura. El arte tuvo un auge con figuras como Mideros, Kingman y Guayasamín, y la Casa de la
Cultura Ecuatoriana fue creada por Benjamín Carrión como un espacio de respuesta y protesta para
sectores de izquierda. En la primera mitad del siglo XX la sociedad permeó las normas rígidas; la vida
cotidiana experimentó modernización y reformismo.
En ese marco, aparece la novela de Hidrovo Velásquez que colocó como símbolo especial al río
considerado como el principio y fin de la vida. La palabra río se define en el Diccionario de la lengua
española (RAE, 2026) como aquella corriente natural de agua continua y más o menos caudalosa que
atraviesa el territorio para finalmente desembocar en otro más correntoso, en un lago o en el mar.
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Según Herndez (2018), el río es un flujo superficial de agua que sigue un cauce; mientras, en el
lenguaje corriente un río es un flujo de agua de grandes dimensiones.
La novela narra la historia de Celestino Vinces y su familia, en un contexto épico que abarca décadas
de lucha, amor, traición y supervivencia. La trama comienza con el conflicto por un chancho y la muerte
de Don Martín Vinces a manos de Los Rosado, lo que desencadena una serie de eventos que llevará a su
hijo Celestino a buscar venganza y justicia. A lo largo de la trama, Celestino Vinces enfrenta numerosos
desaos y tragedias, incluyendo la pérdida de su familia, la traición de sus amigos y la lucha constante
por sobrevivir en un mundo hostil. Sin embargo, también encuentra momentos de amor y redención. Se
exploran temas como la justicia, la venganza, el amor, la supervivencia, la vida de los campesinos y la
naturaleza; y se ofrece una visión profunda de la condición humana. El final de la historia es
particularmente conmovedor, al describir la búsqueda desesperada de Celestino por parte de sus hijos y
la imagen de las velas en botellas flotando en el río, simbolizando la esperanza y la pérdida.
Raíces y ruralidad
El conflicto inicia en El Calvo, con Don Martín Vinces, padre de Celestino, campesino que con esfuerzo
había alcanzado una buena posición económica. Era conocido y apreciado por todos, por su calidad de
hombre honesto, amable y correcto. Vivía con su mujer y sus 13 hijos, a los que había criado con mano
dura, enseñándoles el respeto a los demás, los secretos del campo y el valor del trabajo honrado, y lo
hacía con la sabiduría de los tiempos, utilizando refranes como estos; “la tierra sola no da de comer”
“el cristiano se hace hombre trabajando” “el ojo del amo engorda al buey” “en boca cerrada no entran
moscas” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 17).
Pero este hombre correcto un día perdió la paciencia, debido a que el chancho del vecino entró a su
sembrío por repetidas ocasiones, causando destrozos a su yucal. Trató de entenderse con Los Rosado,
una familia que se había mudado al lugar. Les había pedido que aseguraran el chiquero y hasta envió
a sus hijos para que prestasen ayuda. Sin embargo, el cerdo volvió a destruir su siembra. Don Martín
termina matándolo. Llegada la noche, se siente culpable y se repite que no le habían quedado más
opciones, pero su mente intranquila le impide el descanso placentero. Los Rosado no volvieron a
hablarle. Días después, Don Martín sale hacia Santa Ana antes del amanecer, como era su costumbre.
Durante el trayecto, en el punto más álgido del cerro, es esperado y asesinado cobardemente. Se
presume que Los Rosado son los culpables, ya que él no tenía enemigos.
García (2007) refiere que el espacio rural actual presenta cambios en su tendencia demográfica, la
que pasó a ser zona receptora de inmigrantes. Aquí, actividades tales como la construcción, el
turismo y comercio se priorizan ante la agricultura. Sin embargo, persiste una alta complejidad
social, cultural y político-institucional con rasgos urbanos con inequidad social y limitado acceso a
servicios públicos. Así también, Olvera y Arellano (2015) apuntan que la igualdad puede llevar a
estas, ya que el principio de tratar a todos por igual corre el riesgo de no considerar las dotaciones
de recursos naturales o biológicos diferentes. En tanto, la inequidad puede causar igualdad, ya que
se hace uso de normas que ponen en igualdad de condiciones a los individuos a pesar de la
diversidad de sus condiciones.
La categoría suelo o terreno en la novela se representa como el origen y sustento de las familias;
igualmente, como la metáfora de los diversos sucesos y como muestra de la proyección humana;
porque este entrelaza luchas, destino, conflictos y transformaciones; porque entreneas se sostiene
que desde el “enfoque de cadena de valor, en las cadenas productivas, debe generar la creación de
relaciones equitativas que permitan la existencia de un reparto igualitario de los beneficios
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conseguidos para cada uno de los actores” (Vargas, et. al., 2019); pero esta orientación se incumple en
el destino de varios de los personajes.
El espacio de la obra se configura en un territorio cultural, social y natural de la provincia de
Manabí, que pone sobre la mesa las tensiones entre el hombre rural, los continuos desafíos y las
transformaciones sociohistóricas que progresivamente dan cabida a otras costumbres, valores y
saberes, donde se plantea la fragilidad de las rutinas rurales frente a las prácticas de modernización.
La novela da cuenta de un contexto de economías de subsistencia del siglo XX, pues su conflicto
subyace en la defensa del sustento diario; tanto que la muerte de un chancho desencadena el asesinato
de una familia. Los espacios simbólicos como el río, dispositivo cultural desde el cual se proyectan
memoria, vida comunitaria y relación hombre-naturaleza, epistemológicamente se plantean como un
texto de memoria territorial, porque permite un diálogo crítico con el escenario del siglo XXI.
En síntesis, el estudio se planteó desde una perspectiva literaria, social y cultural para reconocer
las marcas fundamentales del patrimonio manabita; considerando que estas reconstruyen
identidades colectivas manifiestas en la narrativa que se desarrolla desde la trilogía naturaleza,
comunidad y hombre.
2. Metodología
Este trabajo se desarrolló con un enfoque cualitativo desde el análisis hermenéutico concebido como
un proceso para determinar significados; puesto que como lo asume Schleiermacher (1999) “es el arte
de comprender correctamente el discurso de otro” (p. 26) y para este caso, para desarrollar un análisis
sociohistórico de las formas de vida de la población rural de Ecuador del siglo XX.
Se inicia con un estudio descriptivo y documental de los rasgos relevantes del personaje principal
Celestino Vinces. Para ello, se considera la perspectiva ecocrítica de Lawrence Buell (1995), quien
indica que la intersección entre literatura y medio ambiente favorece el entendimiento entre la
narrativa literaria y la naturaleza en la cultura de una nación. Asimismo, la comprensión de la
naturaleza beneficia la comprensión de los personajes, acciones y trama de una obra literaria.
Se suma el método fenomenológico-hermenéutico que Gadamer propone para lograr la
comprensión de la realidad a partir de la interpretación de textos y tradiciones, donde lo ontológico
corresponde netamente al ser humano y la hermenéutica no puede constituir una mera
epistemología (Aguilar, 2004); puesto como lo afirman Farfán, et. al (2023) “el fundamento
hermenéutico está sustentado en la interpretación; en ese sentido, es el arte en la que el discurso del
sujeto en estudio brinda información sobre el fenómeno teniendo en cuenta la validez con una
mirada holística sobre la realidad observada” (p. 4068).
En consecuencia, todo individuo se desenvuelve en la historia a la que pertenece. Para la ejecucn
del presente estudio se empleó un análisis discursivo hermenéutico, que interpretó las dimensiones
culturales, simbólicas y ecológicas del texto. Para ello se consideraron dos momentos: 1) la
reconstrucción del imaginario cultural local desde las interacciones de los personajes con su entorno
y 2) el estudio contextual de la obra escrita en el siglo XX y los cambios sociohistóricos evidentes del
siglo XXI.
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3. Resultados
Para el examen de la reconstrucción del imaginario cultural local se seleccionaron fragmentos de la
novela vinculados con esta categoría, representativos de las interacciones de los personajes (tabla 1).
Tabla 1
Fragmentos seleccionados para análisis de la reconstrucción del imaginario cultural local
Categorías Fragmentos
Creencias religiosas de la región
“Algunos hacían “mandas”. Irían a Montecristi y depositarían cien sucres
para la virgen de Monserrate” (p. 117).
Personificación del río Portoviejo “El río viejo cargador, se lo llevó sobre sus amplias espaldas” (p. 99).
Descripción del contexto en el que
interactúan los personajes
“Más abajo a lo largo de todo el río, recogían algunos frutos: naranjas,
plátanos, mameyes. La balsa tenía una edad cuyo comienzo no era visible
y solo podía saberla el río” (p. 136).
Referencia al sombrero de paja
toquilla, elemento del patrimonio
cultural
“Todavía alcanzaron a ver la figura de Celestino, defendida del sol alto,
ampliamente derramado, por su infaltable sombrero de paja toquilla” (p.
161).
Café, plátano y maní, ingredientes
fundamentales de la gastrónoma
de la región
“El viernes, anticipándose a la aurora, don Martín tomó su café negro
acompañado de plátano y maní” (p. 16).
Creencias
“Al pasar por allí, el contacto con un muerto que trepaba a las ancas del
caballo. El animal jadeaba y no podía avanzar; el jinete se erizaba” (p. 26).
Riqueza natural y cultural
“Mas allá estarían culebras de todas clases: equis, sayamas, mata caballo,
voladora. Más allá estarían los monos, anunciadores de desgracias
colectivas” (p. 47).
En el estudio contextual de la obra escrita en el siglo XX también se observan cambios
sociohistóricos evidentes del siglo XXI, cuyos fragmentos seleccionados se vinculan desde categorías
que se muestran en la tabla 2.
Tabla 2
Fragmentos seleccionados para análisis del estudio contextual y los cambios o permanencias
Categorías En la obra siglo XX Actualidad siglo XXI
Valores humanos
“Hombres corrompidos trepados en los
organismos de poder, quienes jamás
podrían estar con la causa del pueblo” (p.
154).
Los casos de corrupción se muestran con
frecuencia, tanto a través de medios
convencionales como modernos.
Transportación
“Viajó en su caballo negro durante siete
horas desde Santa Ana a Portoviejo” (p.
92).
El viaje de Santa Ana a Portoviejo en
transporte intercantonal o vehículo
propio dura entre 30 o 40 minutos.
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Escasa valoración del
rol del campesino en
todo el proceso
“El vendedor quedaba encadenado debía
dar a un precio muy inferior al que regía
en el momento de la entrega de café,
arroz o tagua y Don Antenor cobraba
intereses” (p. 98).
No existen cambios sustanciales. Las
circunstancias continúan como muestras
de poder y violencia.
Los cachos (de vaca)
como instrumento de
comunicación
“Los cachos sonaron forjando como
siempre, una larga cadena de solidaridad
campesina” (p. 24).
Se usan alarmas, sirenas o teléfonos
celulares.
La quincha
“Y vinieron al suelo pedazos de la
quincha de los tumbados y paredes” (p.
147).
Esto ha sido reemplazado por el
enlucido y cielo raso.
El matiancho (hecho
del árbol de mate)
“Tenía un matiancho que hacía una libra
completa (p. 19).
Utensilios cambiados por el plástico.
La hamaca
“Dos horas después, el cadáver era
recogido y lo conducían en una hamaca
cubierto por una blanca sábana” (p. 16).
Usada como medio de transporte por
caminos de difícil acceso. Sobre todo,
para sacar a los enfermos.
Estos fragmentos demuestran la identidad histórica y cultural de la región, especialmente de la zona
rural, ya que recogen elementos esenciales de la vida del campesino, su entorno natural, creencias,
lenguaje, valores, costumbres y tradiciones que documentan la época expuesta.
Desde estas selecciones se procedió al análisis e interpretación en correspondencia con la
metodología seleccionada. El análisis hermenéutico reveló que el río en la novela no solo es un
elemento geográfico, sino que se proyecta como el ciclo de vida, la prolongación y las luchas, como un
símbolo que junto con la naturaleza en general, interactúa con los personajes influyendo de manera
emocional.
La reconstrucción del imaginario cultural local desde las interacciones de los personajes con su
entorno.
Según Buell (1995), la ecocrítica establece un vínculo entre los textos literarios y su contexto ambiental,
explorando cómo la narrativa y la naturaleza se entrelazan culturalmente. La reconstrucción del
imaginario cultural en la novela Un hombre y un río se pone en marcha desde sus primeras páginas,
cuando se describe la casa de Celestino Vinces, que incluye la escalera de palos retorcidos, paredes de
caña con sus rendijas, dos cuartos pequeños, la cocina, la azotea y el caballete de cadi. La sala se
encuentra llena de objetos rústicos como machetes, jergas, monturas de palo, sacas llenas de maní, ropa
para el trabajo en el campo y la hamaca de lona. La puerta de entrada se aseguraba en las noches con
una tranca, la fotografía de Celestino y su mujer de nombre Casilda y uno de los seis sombreros de
paja toquilla que ella tejía semanalmente, para ayudar en la economía del hogar.
La descripción de la casa ilustra los elementos que la conforman, no solo son objetos o herramientas;
cuentan historias, la cultura y la forma de vida de Celestino Vinces y su familia, conllevan la evidencia
de su esfuerzo por subsistir, su conexión con el trabajo agrícola y la naturaleza. El tejido del sombrero
de paja simboliza en la obra el esfuerzo compartido en el sustento familiar. Así también, se menciona
la saca de maní, un producto propio de la zona con el que se prepara un sinnúmero de platos típicos.
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Así, el contraste de los elementos expuestos en la descripción de la vivienda de Celestino utilizada
en el siglo XX se aleja parcialmente respecto a los materiales empleados en las construcciones actuales,
en las que mayormente se emplea ladrillos o bloques, hierro y cemento. Sin embargo, persiste la
presencia de machetes, ropas de trabajo, la fotografía familiar y la hamaca en la sala de la vivienda y
se construyen bodegas donde se almacenan los sacos con productos cultivados, las monturas de palo,
entre otros elementos.
La mesa estaba casi totalmente cubierta de plátanos asados, aún calientes. Era éste el pan
irreemplazable, compañero de cualquier plato. Era el viejo alimento de edad desconocida que
había nutrido a tanta gente. Era el plátano milagroso. De él hacían muchas comidas: bolas las
que eran mezcladas con maní o chicharrón; bollos, tortas, migas y frituras, pero además tenía
otros usos; convertido en harina era gran alimento para los niños y si se cortaba
horizontalmente un tallo, botaba el líquido gomoso que curaba la Tuberculosis. (Hidrovo-
Velásquez, 1957, p. 50)
En esta descripción el autor evoca al plátano no solo como un alimento apetecible, sino el ambiente
confortable en que se presenta. “El viejo alimento de edad desconocida” (p. 50) otorga al plátano un
sentido de historia y tradición, que puede interpretarse como un símbolo de herencia cultural de los
pueblos que lo han consumido a lo largo de generaciones, a la vez que resalta la versatilidad de este
alimento en diversas preparaciones. Culturalmente, el plátano continúa siendo un producto de alta
demanda en la provincia, indispensable para las familias de la zona rural, pero que también tiene gran
demanda en las ciudades sobre todo de la Costa. En los hogares manabitas se consume en una extensa
variedad de platos y en el comercio interno es utilizado en el corviche, el bolón, en frituras -ya sea
patacón o chifles-, y sirve de acompañante para el ceviche, los mariscos o el encebollado.
La novela también cita varias formas de interacción de los personajes con la naturaleza:
[…] era el Cerro de Bonce. Atravesado en el camino, simulaba la pereza de un gigante que
hubiese olvidado la prisa del viajero. Desde su cumbre el espíritu podía alimentarse del paisaje:
montañas azules, laderas, quebradas, infatigables senderos y casitas aisladas. (Hidrovo-
Velásquez, 1957, p. 12)
El autor describe el Cerro de Bonce donde lo personifica como un gigante que revela una actitud de
pereza y falta de urgencia. La expresión “simulaba la pereza de un gigante” (p. 12) le otorga a este
cerro una cualidad casi mágica o mitológica, con ello sugiere la grandeza que bien podría ser física o
simbólica. Esta imagen sugiere la profunda conexión de la naturaleza con el ser humano, donde el
cerro parece interrumpir el camino para invitar a la contemplación del paisaje. Al decir “que hubiese
olvidado la prisa del viajero” (p. 12) el texto contrasta la tranquilidad de la naturaleza con el apuro de
las vidas humanas.
“En las montañas llovía casi sin interrupción. El agua bajaba por los cerros como un venado
perseguido. Crecían los esteros y el Portoviejo aumentaba su volumen opaco, sobre el cual flotaban
palos, hojas u alguna vez, una culebra” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 212). El fragmento de tono
melancólico representa el estado de ánimo entre la tormenta y la calma; crea una imagen que describe
la fuerza de la naturaleza y sus efectos en el paisaje, invitando a reflexionar sobre el agua que, si bien
es indispensable para la vida, en exceso puede causar daños. También podría hacer alusión a la fauna
del lugar.
El río es un símbolo central en la pieza narrativa. El capítulo titulado “Edad y eternidad del río”
hace referencia al Río Portoviejo: El río era inmenso. Grande era la distancia, aun en línea recta, entre
su alto origen de árboles y piedras y la desembocadura donde algunas veces asomaban los lagartos.
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Pero había más: el cauce describía infinidad de curvas” (p. 136). Con esta imagen el autor caracteriza
a un río que no solo es un torrente, sino un símbolo de la naturaleza y del camino de la vida, del tiempo
y sus desafíos inesperados, y revela la implícita conexión entre el entorno natural y la experiencia
humana; “los lagartos” podrían representar la fauna que habita en lugar o tal vez los peligros.
La relación entre el protagonista y el río encapsula un dilema actual: el debate entre explotar y
preservar el ambiente, diferencias que se constatan en el fragmento: “—No importa —dijo Celestino
. El río no nos hace daño. Y si no tuviéramos río observó Casilda ¡Qué sería de nosotro!
(Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 67).
Hacia el final de la novela Rosaura y Valentín se distraen un instante con el derrumbe de un tramo
de la orilla del río y al oír en el agua la caída de algo que partía la corriente: “Hallaron que Celestino
no estaba; los palos de la balsa iban solos, dando desordenadas vueltas” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p.
235).
En fragmentos posteriores Hidrovo-Velásquez (1957) describe:
Y en las noches, si alguien hubiese mirado desde un sitio muy alejado, habría visto sobre el río
como un fantástico naufragio de cocuyos, como una sinuosa procesión de fantasmas, pues las
botellas con velas encendidas surcaban el Portoviejo en muchos lugares de su larga trayectoria
(p. 237). Y era verdad que la esperanza quedaba muy atrás. Partieron una mañana después de
echar una mirada al río. Era quizás la última vez que el Portoviejo bajaba libremente. Y no lo
quiso devolver (p. 138).
Las escenas descritas como un descuido momentáneo y el derrumbe de la orilla del río es el anuncio
de un giro brusco en la trama. Los palos desordenados dando vueltas reflejan una sensación del caos
que se produce con la desaparición de Celestino; la mención de los cocuyos y fantasmas ofrecen a la
obra ese tinte mágico que persiste a lo largo de la narración. En tanto, echar la mirada al río produce
la sensación de nostalgia y resignación a la pérdida del ser amado, ante lo inevitable y cuando se
menciona que quizás era la última vez que el río bajaba libremente, podría tratarse de un llamado a la
reflexión sobre la fugacidad de la vida y la naturaleza.
Además, la novela proyecta prácticas culturales ligadas a la literatura de tradición oral, pues incluye
relatos orales, festividades y variadas manifestaciones lingüísticas.
Sus vecinos del Tigre se habían vuelto sus amigos, personas de confianza y de respeto; en
ocasiones los Vinces, eran invitados a sus casas a alguna celebración:
¿Se puede comadre Sara?
Suba. comadre. Cuidado que hay un escalón malo.
Le dije a Hermenegildo que lo compusiera y se ha olvidao. (Hidrovo-Velásquez, 1957, p.
111).
Se bailaba a la luz de las lamparás de kerosene que emanaban más humo que luz y la fiesta era
alegrada por la música tocada a guitarra. Los guitarristas que también cantaban preferían el
Vals.
“Si vieras lo triste que está en el poblado,
la blanca casita que tú abandonaste:
desiertas las salas, desiertos los patios,
marchitas las flores que tú cultivaste”. (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 122)
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En la actualidad se mantiene la posición marginada y dependiente de los campesinos (García, 2007).
Olvera y Arellano (2015) señalan que la población en general se muestra disponible a acoger toda
iniciativa o intervención que tenga como propósito la equidad e inclusión social. En dicho sentido, los
gobiernos activan redes de colaboración institucional que dirigen actividades hacia dicha meta. No
obstante, la convivencia pacífica, la justicia y la inclusión se constituye en valores humanos cardinales
de cacter intersubjetivo. Por consiguiente, la construcción de dicha sociedad propuesta por el
objetivo 16 de la Agenda 2030, puede ser activada desde la identidad nacional al ser esta una aportación
valiosa para las comunidades rurales (Rodríguez, 2015; Flan, 2022).
Sobre el piso de caña picada, que crujía mientras bailaban sin zapatos, donde de vez en vez se
les quedaban enredado los pies. Las parejas solteras bailaban sueltas y los esposos se cogían de
ambas manos ya que la moral de la época así lo exigía.
¡Viva er dueño e la casa y su pareja!
¡Viiiva! (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 123).
Don Ermenegildo estimulado por su victoria contaba cómo era el baile en los campos manabitas
en su juventud, mientras todos los concurrentes le prestaban atención; les contaba que el
caballero iba hacia donde estaba la dama elegida y le decía:
Etá uté de baile.
La dama se levantaba y empezaban a bailar. Dos hombres de manera alternada eran
acompañados por la tambora y un tercero cantaba utilizando la tira:
“Ar tiempo le pido tiempo
y er tiempo tiempo me da,
y er tiempo siempre me dice
que er me engañará”.
“Nunca se siembra plátano
a la orilla del río,
porque er barsero que pasa
dice: Eto es mío” (Hidrovo-Velásquez, 1957, 123).
Era “El Moño” lo que ejecutaban, la pareja tenía que decir las estrofas. Al final de cada una,
quien la había lanzado exclamaba:
¡Qué viva y que siga el Moño!
Don Hermenegildo también hizo referencia a otro juego llamado “La Cucaracha” donde la
mujer adelantaba un pie, hasta tocar los de su acompañante, mientras le decía cantando:
¡Te pica la cucaracha!
Y su pareja después hacia lo mismo. (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 60)
El texto describe una típica celebración en los campos manabitas y ofrece una visión profunda de la
cultura y las tradiciones, las interacciones sociales, la forma de divertirse, que se centra en el baile sobre
el piso de caña que evoca imágenes sensoriales de la cultura con el crujido de la caña picada mientras
bailan descalzos y de vez en cuando se enredan los pies, la lampara de kerosene que daba más humo
que luz, o la música tocada a guitarra. El hecho de que las parejas solteras bailen sueltas y los esposos
se cojan de las manos; indica los preceptos morales de la época, refleja también la forma sencilla de
vida y critica la falta de equidad.
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Las sociedades se construyen desde la identidad nacional de la población (Flan, 2022). No obstante,
el estudio de los procesos de desarrollo rural según Chuquimarca (2022) muestra que la satisfacción
de los pobladores con el nivel de vida en las zonas rurales es variable, pero que podría constituir una
fortaleza que aporte a la vida rural equitativa y sostenible.
El estudio contextual de la obra escrita en el siglo XX y los cambios sociohistóricos evidentes del
siglo XXI
Según Bermúdez (2012), siempre que haya la necesidad de conocer un acontecimiento del pasado, se
observa el acontecimiento tal como sucedió y su causa en la historia posterior. Esto implica que la historia
no es solo un conjunto de acontecimientos sino un proceso continuo que influye en el desarrollo futuro.
Sin embargo, Gadamer advierte que el principio de la historia efectual no debe confundirse con un
problema metodológico: ordenado, sistemático, exacto. Se trata s bien de la exigencia de la naturaleza
teórica cuando al explicar un fenómeno histórico desde la distancia histórica que determina la situación
hermenéutica, es ella la que determina lo que es cuestionable o susceptible de investigacn.
En la pieza se relatan episodios de violencia y crimen como resultado de la ausencia de la autoridad
que garantice la convivencia pacífica en una comunidad rural del siglo XX. Se trata de actos que
persisten en la ruralidad del siglo XXI, donde las causales quizás ya no sean la destrucción de las
plantaciones por un animal. No obstante, en la actualidad, las razones de la violencia se vinculan con
la guerra entre bandas de criminales y narcotraficantes que pelean por obtener el poder en un territorio.
Además, las bandas de crimen organizado llevan a esconder los cadáveres de sus víctimas a los
campos, situaciones que demuestran la falta de seguridad. Condiciones que dan cuenta de la “falta de
sensibilización y desmotivación para la cooperación activa por parte de la ciudadanía, otro aspecto
importante a destacar es la falta de políticas públicas y recursos económicos que contribuyan a esta
problemática”, como lo ratifica el estudio de Loor, et. al (2024).
El asesinato de don Martín Vinces es el detonante de todos los conflictos posteriores, que lleva al
asesinato de Los Rosado, el encarcelamiento de Celestino, la dispersión de la familia de los Vinces y el
arrancamiento de Celestino de su tierra natal, ya que, al salir de la cárcel emigra hacia las tierras de El
Tigre donde él y su familia son extraños.
A pesar de que la Constitución de la República del Ecuador (2008), en el Título VI, Capítulo sexto,
Sección sexta, art. 393, norma que el Estado garantizará la seguridad humana a través de políticas y
acciones integradas, para asegurar la convivencia pacífica de las personas, promover una cultura de
paz, prevenir las formas de violencia y discriminación, la comisión de infracciones o delitos resulta
conocido que el país afronta situaciones de inseguridad y violencia que han puesto en peligro al orden
público.
Al salir de la cárcel, Celestino se dirige a un sitio llamado El Tigre donde se asienta con su esposa y
sus dos hijos pequeños; Rosaura y Valentino. Adquiere una propiedad, pero se sorprende al
encontrarse con la novedad de que, en ese lugar no existen autoridades, patronos, ni jefes; todo lo
hacen de forma colaborativa en comunidad. Entonces, aprende el sistema utilizado por los habitantes
llamado “cambio de brazos” donde para limpiar el terreno para la siembra, en lugar de que cada uno
trabaje en su tramo, de manera individual, todos van a colaborar en la limpieza y lo que iba a realizar
un hombre en 33 días, lo hacen 11 hombres en 3 días. “Además, había otra verdad, el hombre rendía
más cuando trabajaba acompañado” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 48). Luego, el trabajo de los demás
era pagado con su propio trabajo.
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Este apartado podría interpretase como una crítica a las estructuras de poder tradicionales, ya que
la falta de patronos y jefes contrasta con los sistemas típicos de la sociedad en general. El “sistema de
cambio de brazos” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 48) destaca el trabajo en equipo que permite a la
comunidad ser más efectiva y resiliente. Al mismo tiempo, le permite a Celestino adaptarse a su nueva
realidad en la búsqueda del bienestar de su familia y el suyo propio.
Según Uribe, como se citó en Sanabria & Salgado (2023) el término asociatividad nace en la época
prehistórica para referirse a los pequeños grupos o tribus que se unían de forma voluntaria para tomar
mayor fuerza y organización con el fin de salir a explorar el territorio. Consecuentemente, la
asociatividad agropecuaria se ha fortalecido en las últimas décadas, como alternativa de solución a la
problemática materializada en bajo nivel de vida de la población rural. Por tanto, se considera a la
asociatividad como pilar de los esquemas de desarrollo rural. En tanto, la prospectiva del desarrollo
rural en América Latina según estos autores, muestra un modelo en el que se articulan las tecnologías
de información y la comunicación con las unidades agrícolas para que el trabajo rural alcance mejores
niveles de rentabilidad, competitividad y sostenibilidad.
Don Antenor en el acto de comprar que la ley amparaba. Por una cantidad de productos daba
otra de billetes determinada por el precio de aquellos en el pueblo. La operación hasta allí era
de una convincente claridad. Sin embargo, había algo que la oscurecía: las cien libras que traía
el campesino desde sus remotas tierras a través de difíciles caminos bajo soles y lluvias
implacables se convertían acá sobre la balanza sólo en 92 o 94 libras y si alguna vez,
tímidamente, el vendedor llegaba a reclamar, don Antenor decía que su balanza no engañaba
a nadie …porque los gringos saben lo que hacen”. Además, hablaba de “la merma” afirmaba,
que el algodón, cargado de humedad, la pérdida durante el viaje desde la montaña hasta el
pueblo y entonces pesaba menos. Hablaba de un descuento por la gruesa corteza de la tagua,
hacía descuentos también, por el peso del saco y por la calidad del producto y en todo esto
ganaba (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 98).
La situación revela los abusos que a lo largo del tiempo ha padecido el campesino que, a fuerza de
trabajo incansable, por caminos de difícil acceso y a pesar de la severidad del clima, logra llevar sus
productos a las ciudades. La referencia se realiza a través del personaje de don Antenor a aquellos que
manipulan el proceso de compraventa donde se pone de manifiesto la inequidad, hecho que invita a
la reflexión sobre la injustica social y a revalorizar la encomiable labor del campesino.
Las maneras individualizadas del trabajo en la finca adquieren mayor potencialidad al sumarse a
iniciativas asociativas basadas en actividades de cooperación, ayuda mutua, colaboración,
participación y trabajo en equipo. Sin embargo, las políticas para el fomento agropecuario y el marco
jurídico durante décadas no han logrado mejoras en cuanto a los precios de los productos en el
mercando, situación que desmotiva las iniciativas productivas (Dávila et al., 2018).
Según Hidrovo-Velásquez (1957) el nacimiento del ferrocarril no fue la consecuencia de “la tortura
de los animales ni de la vida miserable del arriero” (p. 127); indica que tuvo lugar por “la preñez
fabulosa de los bosques de Santa Ana” (p. 127), donde abundaba la tagua, comercializada y llevada
por vía marítima hasta las fábricas europeas. Se debió también a “los hombres rubios de cascos y altas
botas” (p. 127), que recoran el mundo en búsqueda de empresas donde invertir y obtener alta
rentabilidad. Estas empresas extranjeras ofertaban gran cantidad de puestos de trabajo. El avance de
la obra era lento a pesar del trabajo duro que se realizaba a diario para el que se empleaban
herramientas como picos, lampas, carretillas y hombres olientes a tierra y sudor; quienes realizaban su
labor bajo las inclemencias del tiempo. Mientras los capataces “de rostro planchado, penumbroso” (p.
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127), arremetían a gritos contra los que cumplían su penosa labor; de abrir cortes y levantar rellenos.
Los extranjeros necesitaban abrirse paso por tierras de pequeños propietarios en los Cerros de Hojas,
quienes se resistían a vender sus tierras e hicieron protestas, pero finalmente recibieron
indemnizaciones y la obra siguió según lo planificado.
El texto aborda el proceso de construcción del ferrocarril como un símbolo de modernidad, progreso
y desarrollo económico y el costo humano que debió pagarse; resalta la riqueza natural de la región,
plantea la llegada de los inversionistas extranjeros, los derechos de los pobladores y la resistencia a la
venta de sus propiedades, como también la explotación de los recursos humanos y naturales.
Al contrastar este momento histórico de inicios del siglo XX con el proceso de mejora en la
transportación hasta el siglo XXI vemos que el Ecuador ha experimentado grandes cambios; de hecho,
en la novela también se menciona la llegada de los primeros camiones: “Los camiones no tomaban los
productos en Santa Ana; iban a buscarlos en los campos y superaban, así, el servicio del ferrocarril” (p.
129) y así a la bicicleta y otros tipos de vehículos. Ecuador ha evolucionado de manera que cuenta con
una infraestructura vial más desarrollada que incluye autopistas y carreteras que conectan las diversas
regiones y cuenta con diferentes tipos de transportes: terrestre, aéreo y marítimo.
Otro personaje es el doctor Crespo, abogado y compadre de Celestino. Cuando este último iba a la
ciudad, le llevaba todo cuanto podía: gallinas, café, cacao, y verduras, pues le tenía gran aprecio. Un
día Celestino es llamado a Portoviejo -cuando a un campesino se le llamaba a la capital no era un buen
presagio-; preocupado, pensaba en qué era lo que iba a decirle el Gobernador y cómo le iba a responder.
Viajó en su caballo negro durante siete horas desde Santa Ana a Portoviejo; al llegar tuvo la idea
salvadora de buscar a su compadre, pero este se hizo negar. Celestino, desconcertado, siguió su camino
y ya en el sitio el Gobernador le pregunta que si él ha garantizado con su firma a Ernesto Dávila como
Gerente de Estancos, quien ha cometido fraude y se ha dado a la fuga. “Yo no, señor. Yo le firmé a
mi compadre, pero él no me dijo que la finca quedaba hipotecada. Él me dijo que firmara, que no había
cuidao” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 92). El gobernador le responde que la finca sí está hipotecada y
que la Contraloría le ha establecido un cargo por varios miles de sucres y de no pagarlos le serán
expropiadas sus tierras.
El relato presenta a un Celestino leal y confiado que peca de ingenuo al confiar en exceso en su
compadre y este sin contemplaciones convierte su relación de amistad en traición. El abogado Crespo
al ocultar detalles relevantes de la hipoteca ilustra la mala práctica de la justica y la falta de ética.
Simboliza a aquellos que abusan de la confianza ajena.
Las generaciones actuales de lectores manabitas tienen un acceso restringido a la literatura de la
provincia. En el caso de Un hombre y un río lamentablemente en los últimos años ha dejado de
comercializarse. La obra ha sido atendida por varios estudiosos: Rivera (2016) en Resistencia montubia
a la ciudad letrada trata el tema de la oralidad y rescata el origen de las desavenencias entre la empresa
letrada en los términos de Ángel Rama en su célebre La ciudad letrada, al tomar como referente el
lenguaje habitual y espontáneo de las comunas rurales y campesinas. Del mismo modo, Rivera-
Solórzano et al. (2018) en su artículo La beligerancia en la narrativa desde el aprendizaje social demuestra
que la agresión, a pesar de sus graves efectos, es parte del ser humano y su entorno, para ello toman
como ejemplo la muerte de don Martín Vinces y la de Los Rosado.
Así también, Narcisa Rezabala (2014) en Invisibilidad de las mujeres en algunas novelas manabitas del
siglo XX expone que en Un hombre y un río Casilda y Rosaura, esposa e hija del protagonista Celestino
Vinces, respectivamente, pasan inadvertidas.
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4. Conclusiones
El estudio fenomenológico-hermenéutico sobre Un hombre y un río, permitió estructurar el sentido de
la obra y la configuración de elementos claves que se enuncian en coherencia con el título de la novela
de Horacio Hidrovo, quien presenta el río como dispositivo de memoria en su condición de eje cultural,
simbólico y vital desde una conexión hombre-río que es notoria a través de las marcas territoriales
inscritas en las rutinas agrícolas, la economía de supervivencia, el clima, la oralidad y la memoria
colectiva. De esta forma, el río rebasa su condición geográfica para proyectarse e interactuar con y
desde los personajes.
Asimismo, es una literatura ambientalista, puesto que desde los postulados de Buell (1995) la
ecocrítica encuentra en la literatura un recurso relevante para la comprensión de los procesos
culturales. En este ámbito, se menciona al río e instrumentos elaborados con materiales de la naturaleza
tales como la caña guadua en la confección de las casas, el uso de cachos para la comunicación, el
bototo para cargar el agua, el garabato como auxiliar del machete en el desmonte, entre otros.
Se mencionan en la novela, además, elementos propios del patrimonio manabita como la tradición
oral, las mandas y fiestas religiosas de la Virgen de Monserrate, las creencias en avisos de los pájaros,
sitios “pesados” porque el ánima del muerto pena, los bailes tradicionales, el sombrero de paja toquilla.
Indudablemente, la novela está llena de simbolismos: el río representa el crecimiento personal, un
camino de vida y reflexión; mientras que Don Martín los valores del hombre del campo, la honradez,
el trabajo y la justicia. Los Rosado simbolizan los antivalores de la falta de empatía y solidaridad, y el
chancho la discordia que lleva a un hombre honrado a obrar fuera de sus propios principios, a la
muerte y a la tragedia familiar.
La pieza examina las interacciones entre los personajes, la familia, la amistad y el amor, destacando
cómo estas relaciones influyen en el crecimiento personal del protagonista. La cultura local y las
tradiciones forman parte de la identidad del protagonista y de la comunidad en la que vive. La obra
también aborda la soledad del individuo frente a la inmensidad de la naturaleza y la búsqueda de
conexión con otros seres. Reconoce, así, que en tiempos actuales las condiciones en que subsisten los
campesinos no han sido sustanciales y la consecuente necesidad de la creación de políticas que
beneficien realmente a este sector con mejoras en vías de acceso para sacar sus productos y la
implementación de programas de capacitación en el ámbito agropecuario, en conocimientos básicos
de normas legales y en el financiamiento de las herramientas tecnológicas.
El estudio enfatiza en la importancia del análisis hermenéutico en la literatura donde componentes
naturales como el río se convierten en símbolos potenciales que develan la relación del ser humano
con su entorno y hacen un llamado a la conservación de un legado cultural y a la práctica de valores
éticos y sociales; puesto que como lo sostiene Dilthey (2000), “el proceso de comprender abarca la
totalidad de la vida; es una estructura previa que define nuestro propio estar en el mundo, y la
interpretación de textos” (p.74).
En fin, la obra se constituye en un legado patrimonial y de resistencia cultural; porque registra
formas de hablar, manifestaciones comunitarias desde una estética de autenticidad, atendiendo a que
se convierte en un archivo simbólico sobre el campesino manabita como categoría literaria, quien a
través de sus creencias, prácticas y formas de organización revela una relación con el entorno, en
contraste con los contextos modernos, mostrando desde el lenguaje sencillo y poético de la novela la
resistencia a la homogenización cultural.
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4220.2019.02.10
Transparencia
Conflicto de interés
Las autoras declaran que no existen conflictos de interés que influyan en la objetividad de este estudio.
Fuente de financiamiento
No se recibieron fondos financieros de ninguna organización que pudiera tener interés en los
resultados presentados.
Contribución de autoría
Nelly Ramírez Castro: Conceptualización, metodología, software, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y
edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos.
Genoveva Ponce-Naranjo: Conceptualización, validación, análisis formal, investigación, gestión de
datos, visualización, redacción - revisión y edición, financiamiento, recursos, supervisión.
Genoveva Molina-Ponce: Conceptualización, investigación, visualización, redacción - revisión y
edición, financiamiento, recursos.
Las autoras contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.